Marisqueo en Galicia: cansado de resistir

  • El marisqueo gallego afronta un desgaste estructural y reclama políticas que garanticen su futuro en el litoral.
  • El sector del mar en Galicia alerta de un cansancio creciente tras años de incertidumbre, caída de producción y falta de respuesta política.

El marisqueo gallego ya no solo lucha contra la incertidumbre del mar o la variabilidad de las campañas. Afronta algo más profundo: el desgaste acumulado de años sintiendo que las decisiones que marcan su futuro se toman lejos del litoral.

En las rías, ese cansancio no se proclama en voz alta, pero se comparte. Entre mariscadoras, pescadores y gente del mar se repite una idea cada vez más clara: seguir resistiendo ya no puede ser la única estrategia.

Un desgaste que no aparece en las estadísticas

Hay un cansancio que no se mide en toneladas ni en facturación. No es el de madrugar ni el del trabajo físico. Es otro: el de sentir que cada vez hay menos espacio para seguir viviendo del mar.

El sector lo describe como una presión constante. Cada campaña irregular, cada banco marisquero que no recupera su productividad, cada ayuda que llega tarde —o no llega— contribuye a una sensación de desgaste progresivo.

No es una crisis puntual. Es una erosión lenta que compromete la viabilidad de muchas explotaciones a medio plazo.

Producción en descenso y mayor incertidumbre

En los últimos años, el marisqueo gallego ha registrado caídas significativas en algunas especies clave como la almeja fina o la babosa, especialmente en determinadas rías.

Factores como:

  • Cambios ambientales
  • Episodios de mortandad
  • Alteraciones en la salinidad
  • Presión sobre los bancos

han reducido la productividad en muchas zonas.

A esto se suma una creciente incertidumbre económica. La irregularidad de los ingresos dificulta la planificación y pone en riesgo el relevo generacional, uno de los grandes desafíos del sector.

Gestión y distancia con el terreno

Uno de los puntos más sensibles es la percepción de desconexión entre la administración y la realidad del mar.

Desde el colectivo Mulleres Salgadas lo expresan con claridad: el malestar no es exagerado, sino una reacción lógica a años de políticas que no han priorizado al sector.

Las críticas se centran en:

  • Burocracia excesiva
  • Falta de agilidad en ayudas
  • Medidas poco adaptadas al contexto real de las rías
  • Escasa participación del sector en la toma de decisiones

El resultado es una sensación compartida de falta de control sobre su propio futuro.

Más que un sector: economía, territorio y cultura

El marisqueo a pie y a flote, junto a la pesca artesanal y la acuicultura en batea, siguen siendo pilares fundamentales de la economía costera gallega.

Generan:

  • Miles de empleos directos
  • Actividad en lonjas y cofradías
  • Impacto en la cadena de valor (depuración, comercialización, hostelería)

Pero su valor va más allá de lo económico. Son una forma de vida profundamente ligada al territorio, con un conocimiento ecológico acumulado durante generaciones.

Hablar de marisqueo es hablar de cohesión social en el litoral.

Galicia: un equilibrio cada vez más frágil

Las rías gallegas, uno de los ecosistemas más productivos de Europa, atraviesan un momento delicado.

El equilibrio entre explotación sostenible, conservación del recurso y rentabilidad económica se tensiona cada vez más. La combinación de factores ambientales y presión socioeconómica sitúa al sector en un escenario de vulnerabilidad creciente.

En este contexto, la falta de estabilidad se convierte en uno de los principales enemigos del marisqueo.

Un sector que no se resigna

Pese al desgaste, el sector no ha abandonado su capacidad de organización ni de reivindicación.

Las mariscadoras, pescadores y profesionales del mar siguen defendiendo su papel en el litoral. Reclaman algo básico: ser escuchados y formar parte activa de las decisiones que afectan a su actividad.

No piden privilegios. Piden condiciones que permitan trabajar con dignidad y garantizar la continuidad de un modelo que ha demostrado ser sostenible.

El marisqueo gallego ha resistido crisis, cambios ambientales y transformaciones económicas. Pero hoy el desafío es distinto.

El problema ya no es solo productivo. Es estructural. Y también emocional: un cansancio que nace de años de incertidumbre y de sentirse al margen de la gestión del propio sector.

Seguir resistiendo no puede ser el único horizonte.

Porque el marisqueo no es una actividad prescindible. Es economía real, cultura viva y territorio. Y su futuro dependerá de algo esencial: que las políticas dejen de mirar al mar desde fuera y empiecen a construirse desde dentro.