El combustible vuelve a poner contra las cuerdas a la pesca

  • El gasóleo alcanza niveles que vuelven a tensionar la rentabilidad de la flota mientras el Gobierno prorroga hasta diciembre la ayuda de 20 céntimos por litro y añade otros 15 millones para compensar a los armadores
  • El gasóleo vuelve a presionar a la pesca pese a la ayuda de 20 céntimos por litro. El sector reclama más apoyo y ayudas ligadas al consumo real.

El combustible vuelve a convertirse en una de las principales amenazas para la rentabilidad de la flota pesquera. El precio del gasóleo ha escalado de nuevo hasta niveles que estrechan los márgenes de los barcos y obligan a los armadores a hacer cuentas antes de cada salida al mar.

El Gobierno ha decidido mantener hasta el 31 de diciembre la ayuda de 20 céntimos por litro de gasóleo para el sector pesquero y movilizar otros 15 millones de euros para compensar a las empresas armadoras por el incremento de los costes energéticos.

La medida evita que el apoyo desaparezca al finalizar septiembre, pero está lejos de satisfacer las demandas de un sector que reclama una respuesta de mayor intensidad y adaptada al consumo real de cada embarcación.

El problema es especialmente relevante en una actividad en la que el combustible no es un gasto accesorio: es uno de los principales costes necesarios para poder trabajar.

El gasóleo vuelve a tensionar las cuentas de los barcos

El precio medio del gasóleo pesquero se habría situado en torno a 1,33 euros por litro en los últimos días, según los datos manejados por el sector a partir de la información oficial.

Con este nivel, los 20 céntimos de ayuda permiten reducir parcialmente la factura, pero no compensan por completo el encarecimiento acumulado.

El impacto, además, no es igual para toda la flota. Depende de la potencia del motor, el tamaño del barco, la modalidad de pesca, los días de actividad y la distancia que debe recorrer hasta los caladeros.

Un arrastrero que necesita desplazarse durante horas hasta sus zonas de pesca afronta una exposición al combustible muy diferente a la de una embarcación de artes menores que desarrolla su actividad cerca de su puerto base.

La consecuencia es que una misma ayuda por litro no tiene necesariamente el mismo efecto sobre la rentabilidad de todos los barcos.

Los armadores reclamaban duplicar la ayuda

Las organizaciones pesqueras habían reclamado elevar la ayuda vigente de 20 a 40 céntimos por litro, ante una escalada del precio del carburante que consideran difícil de absorber.

También se ha planteado que la compensación pueda aplicarse directamente en el momento del repostaje. De esta forma, los armadores no tendrían que adelantar el importe y esperar posteriormente a recibir la ayuda, una cuestión especialmente importante para empresas con menor capacidad de liquidez.

Otra de las reivindicaciones pasa por modificar el sistema de cálculo de las compensaciones.

El sector considera que las ayudas deberían tener en cuenta el consumo real de cada embarcación, en lugar de basarse en medias estadísticas por segmentos de flota.

La diferencia puede ser significativa. Dos barcos de una misma modalidad pueden presentar consumos muy distintos en función de su potencia, tamaño, arte de pesca, días de trabajo o distancia hasta los caladeros.

15 millones más, pero sin aumentar los 20 céntimos

La ampliación aprobada por el Gobierno incorpora 15 millones de euros adicionales para compensar durante el último trimestre del año el sobrecoste provocado por el combustible.

Esta cantidad se suma a los 35 millones movilizados anteriormente, elevando hasta 50 millones de euros el volumen destinado a compensar a armadores y empresas desde el inicio de la crisis energética vinculada al conflicto en Oriente Medio.

La prórroga garantiza que la ayuda continúe durante los próximos meses, pero mantiene sin cambios su intensidad: 20 céntimos por litro.

Para el sector, el problema es precisamente que la ayuda funciona como un alivio sobre una factura que continúa creciendo.

Galicia mira de nuevo al precio del gasóleo

La evolución del combustible tiene una especial importancia en Galicia por el peso de su flota y por la diversidad de modalidades que dependen directamente del gasóleo.

El impacto tampoco se queda en la cuenta de resultados de los armadores. Una menor rentabilidad de los barcos puede terminar afectando a las tripulaciones, las lonjas, las empresas auxiliares, la comercialización, la transformación y el conjunto de la economía vinculada a los puertos.

Además, buena parte de la flota gallega está formada por pequeñas y medianas empresas, con una capacidad limitada para absorber incrementos continuados de los costes de explotación.

Por eso, el sector reclama que las medidas no se limiten a prórrogas periódicas, sino que exista un sistema capaz de responder con mayor rapidez cuando se produzcan nuevas escaladas del precio de los carburantes.

Ayudas ligadas al consumo real

La reclamación de adaptar las compensaciones al consumo real adquiere especial relevancia en una flota tan heterogénea como la gallega.

No consume lo mismo un barco de pequeño porte que un arrastrero. Tampoco una embarcación que trabaja diariamente en aguas próximas necesita el mismo volumen de combustible que un pesquero que debe recorrer grandes distancias para alcanzar sus caladeros.

Para los armadores, esa diferencia debería reflejarse también en el cálculo de las ayudas.

El objetivo es evitar que una compensación basada en parámetros generales termine quedándose corta precisamente para los barcos que soportan una mayor factura energética.

El sector reclama también medidas fiscales

La respuesta que reclama la pesca va más allá del precio del gasóleo.

Entre las propuestas planteadas figuran medidas fiscales y laborales destinadas a reducir la presión sobre las empresas y facilitar el mantenimiento de la actividad.

El sector ha planteado, entre otras cuestiones, posibles exenciones temporales de determinadas cotizaciones a la Seguridad Social y la creación de un Registro Especial para la flota de altura y gran altura, con ventajas similares a las existentes para determinados buques de la marina mercante.

Son reivindicaciones que pretenden actuar sobre varios componentes de la estructura de costes, en lugar de limitar la respuesta exclusivamente al combustible.

El precedente de los amarres vuelve a los puertos

La preocupación no es nueva.

Durante anteriores episodios de escalada del gasóleo, algunas flotas llegaron a reducir o paralizar temporalmente su actividad al considerar que salir a faenar dejaba de ser rentable.

El problema aparece cuando el coste de la jornada crece más rápido que el valor de las capturas.

El armador debe asumir combustible, salarios, mantenimiento, seguros, cuotas, tasas y otros gastos de explotación antes de conocer cuánto pescado conseguirá vender y a qué precio.

Y el precio del combustible sí puede subir de un día para otro, mientras que el valor de primera venta del pescado depende de un mercado en el que el productor tiene una capacidad limitada para trasladar sus costes.

La cuenta que preocupa a la flota

La cuestión, por tanto, no es únicamente cuánto cuesta llenar el depósito.

La verdadera preocupación es cuánto combustible necesita un barco para obtener una captura suficiente para cubrir todos los costes de la jornada y generar un margen que permita mantener la actividad.

Cuando el gasóleo sube y el precio del pescado no evoluciona al mismo ritmo, ese margen se reduce.

Y si la situación se prolonga, la decisión del armador puede dejar de ser cuánto gana saliendo a faenar para convertirse en algo mucho más básico: si le compensa salir al mar.

La prórroga de los 20 céntimos evita que la presión sea todavía mayor y los 15 millones adicionales aportan un nuevo colchón para los últimos meses del año. Pero el sector considera que la solución no puede descansar indefinidamente en ayudas extraordinarias.

Porque mientras el combustible siga representando una parte esencial de los costes de explotación, cada nueva subida volverá a colocar a la flota ante la misma pregunta: cuánto tiempo puede seguir saliendo a trabajar si el precio de hacerlo crece más rápido que el valor de lo que pesca.