“El fútbol en Vigo también se juega en el mar”

Opinión: Álvaro Filgueira González

  • Hay ciudades que tienen un equipo de fútbol. Y hay ciudades en las que el fútbol forma parte de una manera de entender la vida. Vigo pertenece a ese segundo grupo.

Pero también hay ciudades cuyo carácter no se puede explicar sin mirar al mar. Vigo es, probablemente, una de ellas.

Por eso, el acuerdo de colaboración entre el Real Club Celta y Conxemar va mucho más allá de una alianza entre dos organizaciones. Representa el encuentro de dos realidades profundamente vinculadas a la ciudad: el deporte y el sector marítimo-pesquero.

Ayer, en ABANCA Balaídos, esa conexión tuvo un escenario especialmente simbólico. La firma del acuerdo en la nueva Sala Presidentes dio paso a un encuentro en el que el protagonismo no estuvo únicamente en los protagonistas del fútbol o de la industria pesquera, sino en algo que los une: Vigo y su relación histórica con el mar.

El documental “Ronsel”, producido por Celta Media, puso imágenes y memoria a esa relación. Porque el mar no es solamente una actividad económica para Vigo. Ha sido durante generaciones una forma de vida, una fuente de empleo, una puerta al mundo y uno de los elementos que han contribuido a construir la personalidad de la ciudad.

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Y ahí aparece también el Celta.

Porque el Celta no vive al margen de Vigo. Forma parte de Vigo. Sus éxitos, sus decepciones, sus símbolos y sus colores están ligados a una ciudad industrial, portuaria y atlántica que siempre ha mirado hacia fuera a través de su puerto.

Quizá por eso resulta tan natural que fútbol y mar se encuentren.

En la mesa redonda posterior a la proyección se habló precisamente de esos vínculos. De la comunidad, del carácter industrial de Vigo y, sobre todo, del mar como elemento vertebrador.

Y conviene detenerse en esa palabra: comunidad.

Porque tanto el Celta como el sector del mar comparten algo que va mucho más allá de sus respectivas actividades. Ambos forman parte del sentimiento de pertenencia de miles de vigueses y gallegos. Ambos generan identidad. Ambos proyectan el nombre de Vigo mucho más allá de sus límites.

El fútbol llena Balaídos. El mar llena el puerto.

Uno moviliza a miles de personas cada jornada. El otro sostiene una industria que genera empleo, actividad económica y una enorme capacidad de proyección internacional.

Pero ambos tienen algo en común: necesitan de una ciudad que los reconozca como propios.

Por eso el acuerdo entre el Celta y Conxemar puede tener una lectura especialmente interesante. No se trata simplemente de colocar dos nombres juntos. Se trata de reivindicar una identidad compartida y de recordar que Vigo ha construido buena parte de su historia mirando hacia el Atlántico.

Una ciudad que exporta pescado y productos del mar a medio mundo y que, al mismo tiempo, exporta también una pasión futbolística que se ha convertido en una de sus principales señas de identidad.

Hay algo profundamente vigués en esa mezcla.

El balón y el océano. Balaídos y el puerto. La grada y la lonja. El esfuerzo de un equipo sobre el césped y el esfuerzo diario de quienes salen a trabajar al mar.

Dos mundos diferentes que, en realidad, pertenecen a la misma ciudad.

Y quizá esa sea la principal virtud de “Ronsel”: recordar que detrás de las instituciones, las empresas, los clubes y los acuerdos existen historias. Historias de personas, de familias y de generaciones que han construido Vigo desde distintos lugares, pero con un mismo horizonte.

El mar ha dejado un ronsel en Vigo.

El Celta también.

Y ahora ambos ronseles se cruzan.

Porque, en una ciudad como esta, el fútbol también se juega en el mar.