El palangre gallego lleva su batalla a Bruselas

  • El palangre piedra-bola reclama quedar fuera de las 87 vedas europeas tras el informe científico ISPAMER.
  • El estudio ISPAMER concluye que el palangre piedra-bola apenas interactúa con el fondo marino. Galicia reclama en Bruselas revisar las 87 zonas vedadas.

La batalla de la flota gallega contra las restricciones europeas a la pesca en ecosistemas marinos vulnerables ha entrado en una nueva fase. Esta vez, el argumento que llega a Bruselas no procede únicamente de los armadores o de las organizaciones pesqueras: llega acompañado de datos científicos obtenidos durante tres años de seguimiento de la actividad de la flota.

El proyecto ISPAMER, dirigido por el Centro Oceanográfico de Vigo del IEO-CSIC y desarrollado junto a la Organización de Productores Pesqueros del Puerto de Burela, apunta a una cuestión clave: el palangre conocido como “piedra-bola”, utilizado por la flota de merluza del pincho, presenta unas características muy diferentes de otras artes consideradas de fondo. 

6,36 millones de anzuelos bajo vigilancia científica

Los resultados presentados en el Parlamento Europeo el 9 de septiembre dibujan un escenario muy alejado de la imagen de un arte arrastrado permanentemente sobre el lecho marino.

Según los datos de ISPAMER, durante el periodo de estudio se monitorizaron 6,36 millones de anzuelos. La investigación registró únicamente diez fragmentos correspondientes a especies consideradas vulnerables y calculó una superficie máxima de contacto físico con el fondo de 1,87 metros cuadrados por jornada.

La explicación está en la propia configuración del aparejo. El denominado piedra-bola es un palangre fijo de características semipelágicas: combina pesos y flotadores y mantiene la línea madre suspendida en la columna de agua, formando las conocidas “combas”. En determinadas condiciones, la línea puede situarse a más de 70 metros del fondo. 

La investigación también refleja una elevada selectividad sobre la especie objetivo. El 91,6 % de las capturas correspondió a merluza, mientras que los descartes se situaron por debajo del 1 %, según los resultados expuestos en Bruselas. 

Una diferencia que puede ser decisiva

El fondo de la reivindicación gallega está precisamente ahí: si la normativa europea agrupa bajo una misma prohibición a diferentes artes de pesca por su posible interacción con los ecosistemas vulnerables, los resultados de ISPAMER plantean si esa clasificación permite distinguir adecuadamente entre modalidades con impactos muy diferentes.

El informe ejecutivo del proyecto ya describía el piedra-bola como un palangre demersal de características semipelágicas y señalaba que no se trata de una línea tendida directamente sobre el lecho marino. 

Para el sector, esa diferencia técnica puede tener consecuencias económicas de gran alcance.

87 zonas vedadas desde 2022

El origen del conflicto está en el Reglamento de Ejecución (UE) 2022/1614, que estableció el cierre de 87 zonas del Atlántico nororiental para determinadas actividades de pesca de fondo con el objetivo de proteger ecosistemas marinos vulnerables.

La medida afectó especialmente a flotas que históricamente trabajan en esos caladeros y que consideran que la prohibición no tuvo suficientemente en cuenta las características concretas de cada arte.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ya había advertido del impacto de las restricciones y señaló que las capturas de merluza habían descendido de forma significativa en la flota afectada. El Gobierno español también ha recurrido judicialmente las medidas y defiende la necesidad de excluir al palangre de la prohibición.

Ahora, con el proyecto ISPAMER terminado, Galicia y el sector disponen de nuevos datos para reforzar esa posición.

Burela y Celeiro, en el centro del impacto

La repercusión no se queda en los caladeros. En Galicia, la controversia afecta directamente a dos de los principales núcleos pesqueros especializados en merluza del pincho: Burela y Celeiro.

Los datos presentados por la Xunta sitúan en hasta un 31 % la caída de las descargas de merluza y en un 39 % el descenso de la facturación por barco en estos puertos como consecuencia del impacto de las restricciones. 

El efecto sobre la flota también se traduce en mayores desplazamientos y mareas más largas, con el consiguiente incremento de costes operativos, especialmente en combustible.

Por eso, para las empresas pesqueras, la discusión europea no es únicamente una cuestión de clasificación jurídica o científica. Está directamente relacionada con la posibilidad de mantener la actividad en unos puertos cuya economía depende en buena medida de la pesca y de la comercialización de merluza.

Galicia pide una excepción para el “piedra-bola”

La posición defendida en Bruselas por la Xunta, el Gobierno central y las organizaciones del sector es ahora clara: revisar las restricciones y excluir al palangre piedra-bola de las zonas vedadas cuando los datos científicos demuestran que su impacto sobre los hábitats vulnerables es mínimo.

La presentación contó con la secretaria general de Pesca, Isabel Artime; la conselleira do Mar, Marta Villaverde; representantes de Cepesca y Europêche, además de eurodiputados y científicos. 

La Xunta considera además que las conclusiones de ISPAMER pueden reforzar la posición jurídica defendida ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

La pelota vuelve al tejado de Bruselas

El debate entra así en una fase diferente. Durante los últimos años, el sector ha reclamado que las decisiones sobre las vedas se apoyen en conocimiento científico específico de cada arte.

Ahora existe un estudio realizado precisamente para medir esa interacción.

La cuestión que queda sobre la mesa es sencilla, pero con enormes consecuencias para la flota gallega: si el piedra-bola apenas contacta con el fondo y presenta una elevada selectividad sobre la merluza, ¿tiene sentido mantenerlo sometido a las mismas restricciones que otras artes de pesca de fondo?

La respuesta corresponde ahora a Bruselas. Para Burela, Celeiro y buena parte de la flota palangrera gallega, lo que está en juego no es solo el acceso a 87 zonas de pesca. También lo está el futuro de una modalidad tradicional de captura de merluza que reclama que la regulación europea distinga entre artes diferentes cuando los datos científicos demuestran que también lo son.