“Villa de Pitanxo: el mar que reveló la verdad”

  • El informe final del Villa de Pitanxo confirma graves negligencias en el buque y abre una grieta entre la versión técnica, la defensa de la armadora y la voz de las familias.

Un informe demoledor: negligencia y sobrecarga en el naufragio más trágico de la flota gallega

El informe definitivo de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (CIAIM) pone fin a más de dos años de incertidumbre en torno al hundimiento del Villa de Pitanxo, arrastrero de Marín hundido el 15 de febrero de 2022 frente a Terranova, con 21 tripulantes fallecidos.

El documento, exhaustivo y técnico, confirma lo que durante meses fue una sospecha latente en el sector: la pérdida del buque se debió a una cadena de negligencias humanas y estructurales.

Los peritos concluyen que el pesquero operaba sobrecargado de combustible y aparejos, con tanques añadidos sin autorización y sin las correcciones necesarias de estabilidad. A ello se suma la ausencia de ejercicios de emergencia, trajes de supervivencia caducados y una maniobra arriesgada en medio de un temporal con olas de diez metros.

El hundimiento, según la CIAIM, comenzó con la inundación progresiva de la tolva de desperdicios, mal situada por debajo de la línea de flotación, lo que facilitó la entrada de agua hacia los entrepuentes y la sala de máquinas. La decisión del patrón de continuar la maniobra, en lugar de liberar el aparejo, condenó al barco.

La defensa de la armadora: “Conclusiones sin base y testigos falsos”

La empresa armadora, Pesquerías Nores, ha reaccionado con dureza al informe. Sus abogados sostienen que el documento “carece de consistencia técnica y se apoya en testigos falsos”, recordando que existe una sentencia que contradice varias de sus afirmaciones.

Entre los puntos más cuestionados, citan la navegabilidad del buque, la supuesta sobrecarga, la existencia de tanques no autorizados o la “escora permanente a babor”.

El despacho Amya Abogados, representante de la armadora, subraya además una “contradicción evidente” entre este informe y el emitido por los peritos judiciales de la Audiencia Nacional, quienes en su día apuntaron al embarre del aparejo como causa del hundimiento.

Sin embargo, la CIAIM descarta ahora esa hipótesis y habla de una “espichada” o enganche parcial del arte entre aguas, incompatible con los registros de velocidad y rumbo.

La empresa denuncia también la falta de unanimidad en el pleno de la Comisión y la ausencia de transparencia sobre los votos particulares emitidos, lo que —afirman— pone en entredicho la imparcialidad del dictamen.

Las familias: “La verdad tiene un solo camino”

Para las familias de los 21 marineros fallecidos, el informe es un punto de inflexión emocional y judicial.

María José de Pazo, portavoz del colectivo, asegura que el documento “confirma la negligencia del patrón y de la armadora” y “va más allá del borrador inicial, ampliando responsabilidades y aportando datos espeluznantes”.

“La verdad tiene un solo camino —afirma—. Este informe nos devuelve la fuerza y la dignidad que llevamos más de dos años reclamando. Muchos pudieron haberse salvado si se hubiera dado la orden de abandono a tiempo.”

El abogado de las familias, Manuel Lampón, advierte que el informe añade hechos nuevos no contemplados al inicio de la investigación y que la Audiencia Nacional deberá analizarlos en detalle antes de cerrar la instrucción. “Podrían derivarse nuevas diligencias o responsabilidades penales”, señala.

Impacto para el sector: una lección amarga para la seguridad marítima

El caso Villa de Pitanxo marca un antes y un después en la seguridad de la flota pesquera gallega y española.

La CIAIM formula una larga lista de recomendaciones que van desde la revisión obligatoria de los manuales de estabilidad hasta la formación en maniobras de emergencia y navegación en zonas de hielo, recordando que el buque no estaba autorizado para operar en aguas con riesgo de congelación.

En un contexto donde la flota gallega sigue faenando en caladeros lejanos y exigentes, el informe vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar la cultura de seguridad y mantenimiento frente a la presión productiva.

El mar no perdona los errores, y el Villa de Pitanxo se ha convertido en un símbolo doloroso de lo que ocurre cuando la rutina y la confianza pesan más que la prudencia.