Una última marea que terminó en tragedia

  • La muerte del marinero Said Aga en el Atlántico Sur vuelve a poner el foco en la siniestralidad laboral en la pesca de altura.
  • El fallecimiento del marinero de Cangas Said Aga durante una última marea reabre el debate sobre la seguridad laboral en la pesca de altura.

La mar que no entiende de jubilaciones

La pesca de altura vuelve a teñirse de luto. Said Aga, marinero vecino de Cangas desde hace más de dos décadas, falleció a los 58 años a bordo del arrastrero Manuel Nores mientras navegaba en el Atlántico Sur rumbo a Uruguay. Lo hacía tras haber regresado al mar ya jubilado, decidido a completar lo que él mismo había definido como su última marea.

Su muerte eleva a tres el número de marineros de Cangas fallecidos en apenas dos meses de este año, dos de ellos por accidente laboral y uno por causa natural, una cifra que sacude a una comunidad estrechamente ligada al mar y que vuelve a evidenciar la dureza de un oficio donde el riesgo sigue muy presente.

Un accidente en plena faena

Según los testimonios familiares y fuentes del sector, el accidente se produjo mientras la tripulación trabajaba con cables metálicos de gran potencia, habituales en las maniobras de descarga y control de artes. Said Aga estaba midiendo uno de estos cables cuando se soltó y lo golpeó violentamente.

Aunque en un primer momento se manejaron distintas versiones —desde un posible paro cardíaco hasta un fallecimiento inmediato—, todo apunta a que el impacto se produjo varios días antes del desenlace final. El marinero habría resultado gravemente herido el sábado y falleció el martes, tras no poder superar las lesiones sufridas.

El buque llegó finalmente al puerto de Montevideo con el cuerpo a bordo, donde fue desembarcado para iniciar los trámites correspondientes.

La milla 201: faenar en el límite

El Manuel Nores se encontraba faenando en la conocida como milla 201, el límite de la zona económica exclusiva argentina, una de las áreas de pesca más exigentes del planeta. Se trata de aguas lejanas, con campañas largas, climatología adversa y una presión operativa constante.

La pesca en estas zonas requiere tripulaciones altamente experimentadas y embarcaciones de gran porte, pero también concentra un número significativo de accidentes laborales, muchos de ellos vinculados a maniobras con cables, maquinillas y artes de gran tamaño.

Un patrón que se repite en Cangas y la comarca

La muerte de Said Aga no es un caso aislado. En enero falleció Khalid Bouzit, también marinero de origen magrebí y vecino de Cangas, tras sufrir un accidente a bordo de un pesquero en Gran Sol. Ambos casos reflejan una realidad poco visible: la aportación clave de trabajadores migrantes al sector pesquero gallego y su exposición a los riesgos más duros del oficio.

A estos fallecimientos se suma la reciente desaparición de un marinero de Bueu en aguas de Nueva Zelanda, cerrando un inicio de año especialmente negro para la comarca de O Morrazo.

Seguridad laboral: una asignatura pendiente

Pese a los avances normativos y tecnológicos, la pesca sigue siendo una de las actividades con mayor siniestralidad laboral. Los accidentes con cables, golpes de mar, atrapamientos y sobreesfuerzos continúan formando parte del día a día de muchas tripulaciones.

Expertos del sector insisten en la necesidad de reforzar:

• La formación específica en maniobras de riesgo.

• Los protocolos de seguridad a bordo.

• El mantenimiento y control de maquinaria pesada.

• La vigilancia médica en campañas largas y exigentes.

La muerte de un marinero jubilado que decidió regresar al mar por última vez añade, además, una reflexión sobre la precariedad económica que empuja a muchos profesionales a seguir embarcándose más allá de la edad prevista para el retiro.

Galicia, memoria y silencio

Pese a la gravedad de los hechos, el fallecimiento de Said Aga apenas tuvo repercusión institucional en Cangas. No hubo comunicados oficiales ni banderas a media asta, una ausencia que contrasta con el impacto real que estas pérdidas tienen en las comunidades marineras.

Este sábado, Marín acoge el homenaje a las víctimas del Villa de Pitanxo, cuatro años después del naufragio en Terranova que costó la vida a 21 marineros. Un recordatorio de que el riesgo en el mar sigue siendo una realidad cotidiana.

Dignidad, seguridad y reconocimiento

La muerte de Said Aga durante su última marea no es solo una tragedia personal y familiar —deja esposa y cuatro hijos, uno de ellos menor—, sino también un símbolo de las deudas pendientes del sector con quienes sostienen la pesca desde cubierta.

Hablar de seguridad marítima no es un ejercicio retórico. Es una necesidad urgente para evitar que historias como esta sigan repitiéndose, lejos de casa, en silencio y con demasiada frecuencia.