- El proyecto Biorock busca mejorar el crecimiento del mejillón en Galicia usando corriente eléctrica de baja tensión para fijar larvas y aumentar su supervivencia.
Una corriente de innovación en las bateas gallegas
En tiempos en que el cambio climático aprieta y los márgenes de rentabilidad del mar se estrechan, el mejillón gallego podría encontrar un inesperado aliado: la electricidad. Concretamente, una corriente continua de muy baja tensión. Así funciona la tecnología Biorock, una técnica ya probada en la recuperación de hábitats marinos en otros puntos del planeta, y que ahora llega a Galicia con un ambicioso objetivo: mejorar la fijación larvaria, el crecimiento y la supervivencia del bivalvo más emblemático de nuestras rías.
El proyecto, impulsado por la colaboración entre la Universidade da Coruña y el equipo científico de la Consellería do Mar, se encuentra en fase experimental y podría marcar un antes y un después en la acuicultura gallega.
Mejillón gallego: ciencia contra viento y marea
La producción de mejillón en Galicia —que sostiene a miles de familias en el litoral y genera más de 9 millones de euros anuales— lleva tiempo enfrentando desafíos crecientes: temperaturas extremas, variaciones bruscas de salinidad, mortalidades inesperadas… Las soluciones tradicionales no bastan. Biorock plantea una vía innovadora basada en datos científicos: emplear electricidad controlada para estimular procesos naturales de fijación y crecimiento en larvas y ejemplares adultos.
No es ciencia ficción: este sistema ya ha sido testado con éxito en entornos coralinos degradados y hábitats marinos sensibles, con mejoras claras incluso bajo estrés ambiental. Galicia será el primer gran laboratorio europeo en aplicarlo a bivalvos en acuicultura comercial.
Así funciona la tecnología Biorock
La base del método es sencilla, pero potente: una corriente eléctrica continua, de muy baja intensidad, aplicada sobre estructuras sumergidas. Este estímulo genera reacciones electroquímicas que favorecen la cristalización de minerales y crean condiciones propicias para que organismos como larvas de mejillón se asienten con mayor facilidad.

En esta primera fase, los investigadores están midiendo:
- Tasas de crecimiento en piscinas y tanques con mejillones adultos.
- Asentamiento larvario sobre distintas superficies (cuerdas de batea, piedra caliza, etc.).
- Cambios en la función mitocondrial de los organismos expuestos al campo eléctrico, para evaluar su impacto metabólico.
- El convenio entre Xunta y Universidade da Coruña estará vigente hasta noviembre de este año, pero si los resultados acompañan, podría abrir la puerta a su aplicación real en las bateas de las Rías Baixas.
El impacto para el mar y el rural
Más allá de los laboratorios, la tecnología Biorock puede suponer un respiro para el tejido socioeconómico que vive del mar. En muchas zonas costeras de Galicia, especialmente en municipios con fuerte dependencia de la miticultura, pequeñas variaciones en la producción tienen efectos directos sobre el empleo, el transporte marítimo, las conserveras y la cadena mar-industria en su conjunto.
Si Biorock permite reducir las pérdidas por mortalidad larvaria o acelerar el engorde del mejillón, no solo se ganará productividad: también se amortiguarán los efectos del cambio climático, se reducirá la presión sobre el medio natural y se fortalecerá un modelo de acuicultura que apuesta por la sostenibilidad.
Galicia, referencia europea en cultivo marino
Galicia no es un actor secundario en esta historia. Es, desde hace años, la principal región acuícola de Europa, con un modelo basado en el aprovechamiento sostenible del litoral, el conocimiento tradicional del bateeiro y la innovación aplicada.
La posibilidad de incorporar tecnologías como Biorock no debe entenderse como una ruptura, sino como una evolución natural de una cultura marítima que no se conforma con resistir, sino que quiere seguir siendo motor económico, garante ambiental y pilar social de una costa que vive del mar, pero también lo cuida.