- La compra de Pescados Rubén por Sart Galicia llega marcada por acusaciones de fraude contable y desvío de fondos al Burela FS, según el informe concursal.
Venta formalizada, pero con herencia tóxica
La empresa Sart Galicia Pesca ha cerrado oficialmente la compra de la unidad productiva de Pescados Rubén, histórica compañía del litoral de Foz que se declaró en concurso de acreedores tras acumular una deuda cercana a los 29 millones de euros. La operación se formalizó mediante escritura notarial e incluye la subrogación de 29 de los 73 trabajadores que tenía la plantilla antes del cierre.
El precio pactado ha sido de 1,15 millones de euros, a los que se suman 2,3 millones en pasivos vinculados a Uxua, sociedad del grupo comprador. Con estos fondos, el administrador concursal priorizará el pago de las indemnizaciones a los 44 trabajadores despedidos, estimadas en unos 600.000 euros.
Sart Galicia, con flota en el Gran Sol y vínculos con firmas como Euroservipesca, planea reactivar en Foz el negocio del pescado congelado. Pero lo que debía ser un nuevo comienzo empresarial llega lastrado por un informe demoledor sobre la gestión anterior.
El informe judicial apunta a una quiebra con dolo
Apenas días después de firmarse la venta, el administrador concursal presentó su informe de calificación ante el Juzgado de lo Mercantil de Lugo, solicitando que el concurso de acreedores sea declarado culpable y no fortuito. En él se detallan presuntas irregularidades contables graves, ocultación de pérdidas y desvíos injustificados de fondos hacia el Burela FS, club de fútbol sala vinculado a la pesquera.
La empresa, según el informe, habría maquillado sus balances durante años, reflejando una cifra de existencias inflada que permitía ocultar su deterioro patrimonial real. La contabilidad mostraba existencias por valor de 13,4 millones en 2020, cifra que se desplomó a 546.000 euros a cierre de 2024, sin una explicación coherente más allá de la “manipulación deliberada”.
Además, se denuncia la omisión de créditos de dudoso cobro en los libros, con el fin de evitar su impacto negativo en la cuenta de resultados.
El Burela FS, eje de los “desvíos patrimoniales”
Uno de los puntos más polémicos del informe es el que relaciona a Pescados Rubén con el club deportivo Burela FS, al que habría destinado más de 873.000 euros en préstamos encubiertos que no fueron devueltos ni reflejados correctamente como pérdidas.

El administrador considera que esos contratos no tenían vocación de retorno, y que su único propósito era evitar reconocer oficialmente un deterioro de activos. Se trataría, en palabras del informe, de “entregas de dinero a fondo perdido, incompatibles con la viabilidad financiera del prestatario”.
Responsabilidades y límites legales
Aunque las principales operaciones irregulares se remontan a entre 2014 y 2020, el informe solicita que se inhabilite al actual administrador societario, Manuel Blanco, durante seis años para gestionar bienes ajenos, al considerar que no actuó con la debida diligencia tras asumir el control en 2022. Sin embargo, no se reclama que cubra el déficit concursal, al no ser responsable directo de las salidas patrimoniales iniciales.
Este tipo de informes no solo persiguen establecer responsabilidades legales, sino también advertir a futuros compradores e inversores sobre los riesgos de heredar estructuras empresariales contaminadas por malas prácticas.
Una advertencia para el sector
El caso Pescados Rubén es una llamada de atención al sector pesquero gallego. La vinculación entre actividades industriales y deportivas puede ser legítima, pero debe ser transparente, sostenible y contablemente justificada. Las irregularidades detectadas reflejan un modelo de gestión que mezcla las aguas de lo empresarial y lo personal, con consecuencias devastadoras para el empleo y la solvencia.
En paralelo, pone el foco sobre la necesidad de mecanismos de control más estrictos en las pesqueras de mediano tamaño, muchas veces sometidas a presiones económicas, familiares y políticas.
¿Qué pasará con la planta de Foz?
Por ahora, Sart Galicia ha evitado cargar con todo el peso del pasado. Pero su apuesta por relanzar la unidad congeladora en Foz estará bajo escrutinio: debe demostrar que es posible reflotar una marca con historia sin repetir los errores del pasado. Además, el administrador concursal sigue buscando comprador para una finca anexa a la nave principal, operación que podría aliviar parte del pasivo pendiente.
El mar sigue ahí. El futuro dependerá de que la gestión, esta vez, no naufrague.