Ría de Pontevedra: la marea roja asfixia al marisqueo en pleno arranque navideño

  • La toxina paralizante cierra todos los bancos de la ría de Pontevedra y deja al marisqueo sin su mes más fuerte, generando incertidumbre económica y laboral.

Un cierre total en el peor momento del año

La ría de Pontevedra vuelve a quedar en silencio. El Intecmar confirmó el cierre completo de todos los bancos marisqueros tras detectar niveles elevados de toxina paralizante (DSP y PSP), lo que paraliza tanto la extracción de almeja como de berberecho a escasos días del arranque de la campaña navideña. Es, para muchos, el peor escenario posible.

En un sector que vive de la estacionalidad y donde diciembre puede suponer el 20–30 % de los ingresos anuales, este cierre supone un golpe directo. El marisco no solo sube de precio por la demanda de las fiestas: también es la época en la que muchos mariscadores recuperan meses flojos. Este año, sin embargo, ni eso.

Un año en cuesta arriba: “No sabemos cuánto aguantará la toxina”

La incertidumbre pesa más que la propia toxina.

“No sabemos si será una semana o varias; dependemos de cómo evolucione”, explica Elena Padín, portavoz de las mariscadoras de Raxó. Y añade un matiz que resuena en toda la ría: “Llevamos un año especialmente malo”.

Los datos lo confirman. La almeja fina ha pasado de rendimientos de 4 kilos por jornada en diciembre a apenas 1 kilo este mes. La japónica, que llegó a dar hasta 12 kilos por persona, hoy se queda en 5. Y sin posibilidad de aumentar la presión extractiva: simplemente no hay.

Esta caída en la disponibilidad de recurso afecta de lleno a la economía familiar. En el mejor mes del año —agosto— algunos mariscadores “se quedaron entre 400 y 500 euros limpios”. Una cifra que evidencia la fragilidad de un sector que, tradicionalmente, era un pilar económico para muchas casas de la costa pontevedresa.

Falta de cría y un problema inesperado: la almeja crece “a lo ancho”

El agotamiento natural de los bancos se ha vuelto evidente. “Antes en las playas ya teníamos zonas que criaban por sí solas y no había que comprar cría”, recuerda Padín. Hoy, esa capacidad se ha debilitado y las repoblaciones naturales son escasas o nulas.

A ello se suma un fenómeno que inquieta tanto a técnicos como a mariscadores: la almeja está engordando en vez de crecer a lo largo, lo que impide que alcance la talla mínima legal, medida en longitud.

En zonas como Lourizán y Pontevedra este problema se ha convertido en un quebradero de cabeza: las piezas quedan retenidas en la peneira porque son demasiado gruesas, pero no pasan el control de talla.

Se están realizando estudios para aclarar esta anomalía y valorar una posible revisión de la talla mínima, siempre bajo criterios científicos. La preocupación no es menor: cuando una almeja envejece, deja de crecer en longitud para centrarse en el grosor, lo que puede inutilizar años de producción.

Del impacto de la borrasca a la incertidumbre climática

A diferencia de 2023 —cuando las riadas redujeron la salinidad y provocaron la mortandad de miles de bivalvos—, la borrasca Claudia no ha generado daños en los bancos de la ría.

Pero esto no cambia el diagnóstico general: la combinación de toxinas, falta de cría, anomalías de crecimiento y años de presión ambiental dibuja un escenario extremadamente frágil para el marisqueo.

En palabras de varias cofradías consultadas estos días: “La ría vive en sobresalto continuo”. Y cada episodio de marea roja altera el calendario productivo, las ventas y la planificación del sector.

El futuro inmediato: puerta abierta al abandono del marisqueo

El cierre ha vuelto a activar un debate incómodo: la viabilidad económica del oficio.

“Las parejas donde uno tiene un sueldo fijo aún pueden aguantar, pero quienes viven solo del mar no pueden permitirse meses así”, explica Padín. Muchos jóvenes ya están buscando trabajo fuera del sector y algunos veteranos se plantean dejarlo definitivamente.

El marisqueo, históricamente un nicho de empleo estable en la ría, se enfrenta ahora a una realidad más dura: ingresos irregulares, ciclos de toxina cada vez menos predecibles y bancos agotados.

“Lo estamos pasando mal. Solo queda esperar y confiar en que mejore”, resume la portavoz de Raxó con la resignación de quienes llevan meses luchando contra una cadena de malos datos.

Un síntoma de un problema mayor en las rías gallegas

Aunque el cierre afecta específicamente a Pontevedra, el episodio se suma a una tendencia observada también en Arousa, Vigo o Muros-Noia: ciclos de toxina más frecuentes y prolongados, problemas de reclutamiento de cría y variaciones ambientales que complican la gestión de los bancos.

Los expertos coinciden en que el sector necesita:

Más seguimiento científico sobre el crecimiento anómalo de la almeja.

Refuerzo de repoblaciones y manejo de bancos en las zonas más castigadas.

Políticas de apoyo estables durante episodios de toxina prolongados.

Nuevas estrategias de adaptación al cambio climático en las rías.

Mientras no haya soluciones, la ría de Pontevedra continuará viviendo entre cierres, reaperturas y una creciente incertidumbre económica.