- La Policía de Vigo sorprendió a un furtivo con 27 almejas en Bouzas. El daño no es la cantidad, sino la repetición de estas prácticas ilegales.
Furtivismo diario: el mar también se agota a pellizcos
No es la cantidad, sino la costumbre. Esa es la clave del furtivismo que, como gotas sobre piedra, termina erosionando la sostenibilidad del marisqueo gallego. El pasado 25 de abril, la Policía Local de Vigo sorprendió a un furtivo con 27 almejas escondidas en sus bolsillos, en plena playa urbana de Bouzas. Podría parecer una anécdota. Pero si cada jornada alguien se lleva unas cuantas, pronto no quedará nada que recoger.
Patrullas en bajamar y vigilancia reforzada
La operación comenzó a primera hora de la mañana, tras recibir avisos vecinales que alertaban de actividad sospechosa en la zona del Paseo Paz Andrade. Una patrulla recorrió la playa sin detectar movimiento, pero otra unidad, poco después, localizó a un hombre faenando en Bouzas. El registro confirmó la sospecha: llevaba 27 almejas comunes en sus bolsillos.
El guarda rural de la Cofradía de Pescadores de Vigo se desplazó al lugar, devolvió los ejemplares vivos a su entorno natural y se hizo cargo de la intervención, siguiendo el protocolo.

El problema real: muchos pocos hacen un gran daño
En un banco marisquero, 27 almejas no son nada. Pero si cada día alguien pesca fuera de control, el problema ya no es individual, sino estructural. Esta modalidad de furtivismo urbano, silenciosa y recurrente, daña el equilibrio biológico de los bancos y desincentiva el esfuerzo de quien cumple las normas, paga licencias y respeta los paros biológicos.
El caso de Bouzas es especialmente delicado por su accesibilidad. La cercanía al núcleo urbano y la ausencia de vigilancia continua convierten a estas playas en objetivo habitual de pequeñas extracciones ilegales.
Protección del recurso: algo más que vigilancia
Desde el sector se insiste en que la vigilancia es necesaria, pero no suficiente. Hace falta concienciación social: que la ciudadanía entienda que recoger almejas sin permiso no es un acto inocente, sino un atentado diario contra un recurso común. Y también es necesaria mayor contundencia en las sanciones para quienes reinciden o actúan con clara intencionalidad comercial.
La sostenibilidad del marisqueo no se juega solo en grandes decisiones políticas, sino también en esos pequeños gestos que, sumados, vacían los arenales. Por eso, cada almeja cuenta.