- Multado el patrón mayor de Portonovo con 2.469 € y dos meses sin faenar tras incautarle casi 118 kg de pulpo en veda.
Un escándalo que sacude la credibilidad del marisqueo gallego
El patrón mayor de la cofradía de Portonovo, Martín Domínguez, ha sido sancionado con 2.469 € y un veto de dos meses para faenar nasas de pulpo tras ser interceptado por Gardacostas cuando desembarcaba 117,8 kg de pulpo en plena veda, un claro incumplimiento de la normativa gallega .
Este hecho genera una sacudida en la confianza del sector, pues la veda es esencial para garantizar la reproducción del recurso. Que esta conducta proceda de quien debe representar el cumplimiento a bordo agrava aún más el problema.
Capturas ilegales en plena veda
El operativo se saldó con la incautación de la captura y del barco “Nuevo Fren Uno”, que además fue precintado al tiempo que se levantó un acta de presunta infracción . Esta detención no fue un error menor: fuentes oficiales insisten en que fue una acción consciente y reiterada.
Domínguez admite que, aunque los ejemplares incautados cumplían la talla mínima, superaron ampliamente los límites diarios establecidos —hasta 46 kg por encima del máximo permitido según el plan experimental—, y sostiene: “non é pulpo ilegal, era pulpo que pasa a cota establecida” . No obstante, las autoridades han aplicado la sanción y prohibición temporal.
¿Qué ejemplo da la cofradía?
Este caso resulta especialmente grave por el perfil del infractor. El patrón mayor no sólo dirige la actividad marítima, sino que representa a la cofradía ante la Xunta y el sector. Cuando la figura pública incumple la norma, se envía un mensaje contradictorio al resto de marineros y mariscadoras.
Tener a quien debe velar por el ejemplar cumplimiento de las vedas implicado en pesca ilegal mina la autoridad moral de las cofradías y su capacidad para exigir disciplina al conjunto de la flota.

Un problema de reputación y de sostenibilidad
Más allá del daño mediático, este episodio corroe la trazabilidad del producto, distorsiona los precios y penaliza a quienes sí cumplen las reglas. Además, socava los esfuerzos de una gestión sostenible basada en vedas, tallas mínimas y cuotas.
Los ecosistemas marinos, y por extensión la rentabilidad del sector costero, dependen del respeto a estas normas. Si no se sanciona con contundencia, el furtivismo encuentra cobijo incluso entre quienes deberían liderar el cumplimiento.
La respuesta institucional: firmeza o tibieza
El expediente sancionador ya está en manos de la Xunta, que deberá decidir si ratifica la multa y la prohibición de faenar con nasas durante dos meses .
Este caso aumenta la presión pública para que las autoridades apliquen una tolerancia cero, sobre todo tratándose de infracciones cometidas por representantes del sector. Sin sanciones ejemplares, el combate contra la pesca ilegal pierde credibilidad.
Coherencia y ejemplaridad
Cuando alguien que dirige a sus compañeros vulnera las normas, falla el sistema. La cofradía, la Xunta y el Gobierno central deben actuar con rigor para restaurar la confianza.
La pesca artesanal gallega necesita respaldo —en forma de control, formación y confianza pública— más aún cuando está en oposición directa al furtivismo. Solo así el recurso y las comunidades que dependen de él podrán sostenerse, con transparencia y justicia.