- El sector minorista del pescado exige quedar fuera del sistema Verifactu, aludiendo envejecimiento, falta de relevo y excesiva carga normativa.
El sistema Verifactu enciende las alarmas en las pescaderías
Las pescaderías tradicionales, ya castigadas por el envejecimiento, la burocracia y la falta de relevo generacional, levantan la voz contra el nuevo sistema Verifactu. Desde el sector, se considera que esta obligación de facturación electrónica supone una amenaza directa para la viabilidad de miles de pequeños establecimientos repartidos por toda la geografía costera.
Un sector envejecido y sin músculo digital
La mayoría de las pescaderías minoristas en Galicia y otras comunidades pesqueras operan como microempresas: negocios familiares con menos de 10 trabajadores, en muchos casos gestionados por personas mayores que apenas han digitalizado sus procesos. En este contexto, la implantación obligatoria de Verifactu —una plataforma fiscal de facturación electrónica promovida por la Agencia Tributaria— es vista como un nuevo obstáculo difícil de salvar.
“La carga administrativa y el coste de adaptación a Verifactu son desproporcionados para un sector que sobrevive con márgenes cada vez más estrechos”, advierte Luis Bustos Martínez, subdirector general de la patronal del sector, y responsable de elevar formalmente la petición de exoneración.

Microempresas ahogadas en normativa
La preocupación va más allá de lo tecnológico. Según los representantes del sector, Verifactu es la gota que colma el vaso tras años de reformas, cambios normativos y subida de costes estructurales (energía, transporte, personal, seguridad alimentaria, etc.). La demanda es clara: adaptar el marco legal a la realidad de las microempresas si no se quiere asistir a su desaparición.
“Europa apunta hacia la simplificación y la protección del pequeño comercio. Aquí vamos en dirección contraria. Si queremos una economía reservada para grandes cadenas y multinacionales, desde luego vamos por buen camino”, critican fuentes del sector consultadas por Costa Oeste.
Una amenaza directa para el comercio de cercanía y el consumo local
En zonas costeras y del interior, las pescaderías de barrio siguen siendo un eslabón esencial en la cadena de valor del mar. Son las encargadas de mantener vivo el vínculo entre la flota artesanal, las lonjas y el consumidor final. Pero si siguen cerrando por falta de rentabilidad o por exigencias inasumibles, ese tejido comercial desaparecerá, con impacto directo en el consumo de pescado fresco, en la soberanía alimentaria y en la dinamización de los puertos pequeños.
El cierre de cada pescadería no solo implica la pérdida de un negocio, sino la desaparición de un canal de distribución esencial para el producto local del mar.
¿Dónde queda la política pesquera y comercial?
En este debate, ni la Xunta de Galicia ni el Ministerio de Economía han aclarado aún si contemplan exenciones o medidas específicas para sectores vulnerables como el de la venta minorista de pescado. Por ahora, el impulso a la digitalización avanza sin matices, sin distinción entre grandes grupos y microempresas familiares.
El sector reclama que se abra un diálogo real y urgente para adaptar el ritmo de las políticas fiscales al de la economía real. Mientras tanto, el reloj corre para cientos de establecimientos que podrían no resistir otra ola de cambios.