- Indignación en el barco Cangas-Vigo por negar el acceso a un joven en silla de ruedas. Los pasajeros se rebelan y exigen accesibilidad real en el transporte marítimo.
- Rebelión en el muelle: el mar no es para todos (aún)
Un viaje rutinario convertido en humillación
Lo que debía ser un simple trayecto en barco entre Vigo y Cangas acabó convirtiéndose en un acto colectivo de dignidad. Nacho, un joven con parálisis cerebral, usuario de silla de ruedas eléctrica y vecino de Nigrán, fue impedido de embarcar por falta de accesibilidad en el muelle. La reacción fue inmediata: “Si Nacho no sube, nosotros tampoco”, clamaron los pasajeros, negándose a zarpar hasta que se garantizase su acceso.
Una rampa cerrada con candado… y sin solución
La escena resulta difícil de justificar. La embarcación no contaba con una rampa adecuada en condiciones para usuarios con movilidad reducida. La única rampa metálica compatible estaba cerrada con candado. ¿La explicación? “Hemos perdido las llaves”, alegaron los tripulantes. Mientras la rampa de madera, con una pendiente inasumible para el motor de la silla, seguía inutilizable, Nacho y su hermana Miriam quedaban en tierra. Solo la presión de los pasajeros y la intervención de otro barco —procedente de Cíes— permitió el embarque. “De no ser por ellos, nos habrían dejado atrás”, lamenta Miriam.
Accesibilidad: una deuda pendiente en el transporte marítimo
Este no es un caso aislado. Nacho está acostumbrado a pelear por su derecho a la movilidad, también en tierra. Hace años, relata, varios conductores de autobús en Vigo se negaban a desplegar la rampa para no “perder tiempo”. “Aquello ya se solucionó”, recuerda. Pero el mar sigue arrastrando un lastre inadmisible: la falta de infraestructuras inclusivas en rutas regulares y el desprecio —por desconocimiento o negligencia— a un derecho universal.
La legislación estatal y autonómica es clara: todos los medios de transporte público deben ser plenamente accesibles. Pero en la práctica, los obstáculos físicos y la falta de formación del personal siguen siendo habituales. “No se trata de buena voluntad, es una obligación legal”, señalan desde colectivos de personas con discapacidad.

De la vergüenza al ejemplo: la fuerza de un pasaje unido
Más allá del episodio indignante, el gesto colectivo que impidió que zarpara el barco sin Nacho ha dejado una huella emocional en la familia. “Nunca olvidaré lo que hicieron. Gracias de corazón”, repite el joven. Fue la solidaridad espontánea de los pasajeros la que obligó a cambiar el rumbo de la situación. Un gesto que, en realidad, señala a quien debía haber actuado antes: la empresa.
Desde la Asociación APAMP, a la que pertenece Nacho, no han tardado en reaccionar: “Exigimos medidas inmediatas. La accesibilidad no puede ser opcional”. En su comunicado, reclaman la mejora de infraestructuras, formación del personal y el cumplimiento estricto de la normativa. Además, han trasladado su malestar a las autoridades y preparan una denuncia conjunta con la Confederación Aspace.
El sector marítimo gallego: accesibilidad, esa asignatura olvidada
El caso de Nacho no solo pone en evidencia una grave carencia en la ruta Cangas-Vigo. Abre un debate más amplio sobre la inclusión en el transporte marítimo gallego, donde persisten diferencias notables en accesibilidad entre rutas, navieras y puertos. La mayoría de los muelles de ría no cuenta con infraestructuras plenamente adaptadas ni protocolos claros para estos casos.
La Xunta de Galicia tiene competencias tanto en transporte público como en accesibilidad. Aunque se han realizado mejoras en algunos embarcaderos, los hechos demuestran que el seguimiento y la supervisión son insuficientes. Cuando la rampa correcta está físicamente presente pero cerrada con llave, el problema no es técnico: es de cultura, de responsabilidad y de compromiso.
Una sociedad que no deja a nadie atrás… ni en tierra
El mar no debería tener barreras. Pero lo que para unos es una ruta de ocio o trabajo, para otros se convierte en una prueba de resistencia. Nacho no buscaba protagonismo, solo moverse como cualquiera. El gesto de los pasajeros que lo respaldaron evidencia que la empatía social existe. Ahora es tarea de las administraciones y del sector marítimo convertirla en norma.