Opmega rompe con Vilaxoán por ética ambiental

  • La mayor organización mejillonera de Galicia deja de operar en el puerto de Vilaxoán por el vínculo de la grúa con Cobre San Rafael y el proyecto minero de Touro.
  • Opmega abandona el puerto de Vilaxoán en defensa del mar

Un giro ético que desafía la comodidad operativa

La Organización de Productores de Mejillón de Galicia (Opmega) ha decidido dejar de descargar producto en el puerto de Vilaxoán. Y no lo hace por razones técnicas ni logísticas, sino por principios. La grúa actualmente operativa en este muelle cuenta con respaldo financiero de Cobre San Rafael, promotora del controvertido proyecto minero de Touro. Para la entidad, ese vínculo contamina mucho más que el agua: afecta a la coherencia de quienes viven del mar.

“Ni un mejillón en manos de Cobre San Rafael”

Así de tajante fue el mensaje de Opmega, que aprobó la decisión por unanimidad en su última asamblea. La organización, que aglutina a cientos de bateeiros de la ría de Arousa y es miembro activo de la Plataforma pola Defensa da Ría, considera que la implicación de Cobre San Rafael en el funcionamiento del puerto supone una forma de “blanqueo social” de su proyecto minero, cuya amenaza para el medio marino ha sido duramente denunciada por colectivos ecologistas, mariscadores y científicos.

La entidad subraya que “no se puede producir en un mar limpio mientras se colabora con quien lo pone en riesgo”. Y recuerda que su compromiso con la sostenibilidad “no es solo ambiental, sino también ético”.

El origen del conflicto: una grúa, una avería y un nuevo operador

La decisión de Opmega no surge de la nada. La grúa de la cofradía de Vilaxoán, que hasta hace poco asumía las descargas de mejillón, sufrió una avería grave. La gestión del servicio pasó brevemente a manos de una persona que se desvinculó poco después, y posteriormente fue asumida por otro operador que recurrió al apoyo económico de Cobre San Rafael para mantener la infraestructura en funcionamiento.

Este giro fue interpretado por Opmega como un intento de la empresa minera de “ganar presencia e influencia en el sector”, entrando por la puerta de atrás en uno de los puertos emblemáticos del mejillón gallego.

Coste logístico asumido como acto de coherencia

La renuncia a descargar en Vilaxoán conlleva complicaciones operativas para los socios y socias de Opmega. Sin embargo, la organización lo asume como “un paso necesario, consciente y coherente” con sus valores. Ya está buscando alternativas logísticas, aunque reconoce que ninguna opción iguala la proximidad y funcionalidad del puerto de O Salnés.

Este movimiento refuerza la estrategia de la entidad de marcar distancia con cualquier iniciativa o empresa “ajena a la cultura del mar” que comprometa la salud del ecosistema o el modelo productivo tradicional.

Más allá de las palabras: sostenibilidad con hechos

Opmega ha sido pionera en la medición de la huella de carbono en el sector mejillonero y trabaja de forma activa en su reducción año tras año. Su renuncia a utilizar el puerto de Vilaxoán se suma a otras acciones que consolidan su perfil como organización comprometida con una acuicultura ética, ambientalmente responsable y libre de interferencias industriales externas.

Este posicionamiento la convierte en un referente no solo por volumen de producción, sino también por liderazgo moral dentro del sector marino gallego.

Un pulso entre modelos de futuro

Lo que está en juego en esta decisión va mucho más allá de una grúa o un puerto. Se trata del modelo de relación entre mar y economía que se quiere para Galicia. Mientras unos apuestan por el extractivismo minero, otros —como Opmega— defienden una economía azul basada en el respeto al ecosistema y en la cultura de quienes lo habitan y lo trabajan.

La consigna es clara: “El futuro del mar se protege con hechos, no con discursos”. Y en ese frente, la decisión de Opmega marca un precedente.