Noia cierra campaña con 6,4 millones y sabor a alivio

  • El berberecho no respondió, pero la almeja japónica salvó la campaña marisquera en Noia, que cierra con 6,4 millones tras años de parón y mortandad.

Noia resiste y cierra una campaña digna tras años críticos

Lo que empezó con escepticismo termina con una cifra que, sin ser histórica, alivia. La campaña marisquera de Noia, reabierta tras dos años de inactividad forzada por la mortandad masiva en los bancos, ha cerrado con una facturación de 6,4 millones de euros. Los mariscadores lo resumen con una expresión clara: “esperábamos menos”. Y eso, en este contexto, es casi una victoria.

De las riadas al repunte: el mar vuelve a dar tregua

Tras los graves daños provocados por las riadas y los cierres por toxinas, los bancos de berberecho y almeja de la ría noiesa llevaban dos temporadas sin poder trabajar. El regreso en octubre de 2023 se vivió con la prudencia del que camina sobre hielo fino. Y aunque las previsiones eran flojas —con poco berberecho y de talla escasa—, la campaña aguantó hasta el 30 de abril. Eso, por sí solo, ya fue una conquista para muchos.

Brais García, mariscador de Lousame, lo decía con sinceridad: “De las cuatro campañas que llevo, solo una fue buena. Esta al menos no fue un desastre”.

Berberecho de cuarta, almeja de segunda

Los datos confirman el desigual rendimiento de los bivalvos. El berberecho, a pesar de ser el producto más voluminoso —368.816 kilos extraídos— fue en su mayoría de cuarta categoría, con una cotización baja y dificultades para colocar el producto con valor. Las medidas de control, como los topes diarios reducidos, ayudaron a prolongar la actividad y proteger el recurso, pero no bastaron para revalorizar el berberecho como se esperaba.

En cambio, la almeja japónica ofreció oxígeno a la campaña. Con 248.092 kilos extraídos, casi todos de segunda categoría, su precio medio elevó el balance económico. “A ameixa salvou a campaña”, afirmaba el joven productor Kevin Iglesias, de solo 19 años. En total, el precio medio por kilo se situó en 11,83 euros.

Gestión responsable y expectativas para el futuro

La estrategia de limitar los topes diarios funcionó como medida de resistencia: menos producto, pero más duración. Esto permitió mantener la actividad durante más de seis meses, algo impensable en campañas anteriores marcadas por cierres súbitos. Desde las lonjas de O Freixo y Testal salieron en total cerca de un millón de kilos entre todas las especies, una cifra modesta en comparación con años dorados como 2019-2020 (20 millones facturados), pero con un mensaje claro: el recurso aún responde si se le da tiempo y cuidado.

El patrón mayor, Santiago Cruz, cerró la campaña con sensaciones encontradas: “Esperábase peor. Todos queremos máis, pero esta vez non se pode falar de fracaso”. Ya con la vista puesta en la próxima apertura, la cofradía confía en que el trabajo de regeneración continúe dando frutos.

Un mar que aún guarda futuro, si se cuida

El caso de Noia es, hoy por hoy, uno de los mejores termómetros del marisqueo gallego. No solo por volumen, sino por capacidad organizativa, compromiso con la sostenibilidad y trabajo colectivo. La recuperación total no será inmediata, pero esta campaña ha devuelto algo clave: confianza.

En un contexto en el que muchas zonas productivas siguen luchando contra la toxicidad, la pérdida de calado o el furtivismo, la experiencia de Noia ofrece una lección: cuando el mar descansa y se gestiona bien, responde. Y con él, lo hacen las familias que viven del bivalvo.