Naufragios en Costa da Morte y Azores: 13 marineros a salvo

  • Dos pesqueros gallegos, el Nuevo Salmón y el A Fervenza, se hundieron en Azores y Cabo Vilán, pero sus 13 tripulantes fueron rescatados con vida.

Dos hundimientos en un mismo día

El viernes 29 de agosto quedará grabado en la memoria del sector pesquero gallego. En apenas unas horas, dos barcos con puerto base en Galicia —el Nuevo Salmón, de A Guarda, y el A Fervenza, de Camariñas— acabaron hundidos tras sufrir sendas vías de agua imposibles de controlar.

Aunque las embarcaciones se fueron a pique, la rápida actuación de otros pesqueros, mercantes y medios de salvamento permitió un desenlace menos trágico: los 13 tripulantes fueron rescatados sin lesiones.

El Nuevo Salmón: naufragio en aguas de Azores

La primera emergencia se desató de madrugada, a unas 150 millas al este de las Azores, cuando el palangrero Nuevo Salmón, de 28 metros de eslora, comenzó a inundarse. A bordo viajaban tres marineros gallegos y ocho indonesios, que trataban de achicar agua durante horas sin éxito.

La tripulación activó la radiobaliza y lanzó las balsas salvavidas. Fue el mercante CS Standard, con bandera de Singapur, el que primero acudió a socorrerlos, antes de que un helicóptero Merlin portugués los evacuara a la isla de San Miguel. Allí continuaban en buen estado, a la espera de regresar a casa.

A Fervenza: un susto en la Costa da Morte

Solo unas horas después, a las diez de la mañana, se hundía el A Fervenza, un barco de artes menores de diez metros de eslora con dos tripulantes a bordo. Faenaba cerca de Cabo Vilán (Camariñas) cuando una vía de agua lo mandó al fondo.

El Zeus Uno, un pesquero percebeiro de Camelle, fue el primero en llegar y rescató a los dos marineros, que posteriormente fueron trasladados al puerto de Camariñas por la Salvamar Altair. También intervinieron el helicóptero Helimer 402 y la lancha Carmé, de Cruz Roja, que trabajaron en dispersar el combustible vertido tras el hundimiento.

Un recordatorio para la seguridad en la mar

Los dos incidentes, con pocas horas de diferencia y en escenarios tan distintos como las Azores y la Costa da Morte, son un recordatorio de la fragilidad de los pesqueros ante una vía de agua. Ni la tecnología más avanzada ni la experiencia de las tripulaciones logran evitar que, en cuestión de minutos, una embarcación acabe bajo el mar.

El lado positivo es que los sistemas de alerta —radiobalizas y comunicaciones— funcionaron de forma eficaz, y que la colaboración entre mercantes, pesqueros vecinos y servicios de salvamento permitió que no hubiera que lamentar pérdidas humanas.

Un sector acostumbrado a convivir con el riesgo

Los naufragios forman parte de la historia de la flota gallega, pero cada episodio vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la prevención, el mantenimiento de los barcos y la coordinación internacional en rescates.

La fortuna quiso que, en esta ocasión, los trece marineros regresen con vida. Pero también deja al sector una certeza amarga: en el mar, cada jornada de faena sigue siendo una batalla contra lo imprevisible.


(Tripulantes del Nuevo Salmón, de A Guarda, con la dotación del helicóptero que los recogió de un mercante y los trasladó a Ponta Delgada, en la isla de San Miguel)