- Más de 1.000 nasas fueron intervenidas en una semana de controles contra el furtivismo en Galicia, con cerca de 300 kilos de pescado y marisco decomisados.
La lucha contra el furtivismo ha elevado la presión sobre las rías gallegas durante la última semana. Los operativos desarrollados por tierra y mar han permitido intervenir más de 1.000 nasas y decomisar cerca de 300 kilos de pescado y marisco, buena parte del cual se encontraba vivo y pudo ser devuelto al mar.
El balance dibuja una campaña que no se limita a perseguir las capturas ilegales cuando ya han llegado a tierra. La vigilancia se extiende también a los aparejos utilizados, a las zonas de extracción y al transporte de productos destinados a incorporarse a los circuitos comerciales.
Y en este escenario, O Grove vuelve a situarse en el foco de la lucha contra el furtivismo con una actuación que pone de manifiesto otra de las dimensiones del problema: la entrada en la cadena comercial de marisco cuyo origen y trazabilidad no pueden acreditarse.
Más de 1.000 nasas fuera del agua
La retirada de más de un millar de nasas constituye uno de los principales resultados de los operativos desarrollados durante estos días.
Los aparejos intervenidos representan un riesgo para los recursos cuando son utilizados al margen de las condiciones establecidas para la actividad pesquera y marisquera. Una nasa que permanece en el medio puede continuar capturando ejemplares incluso cuando nadie está controlando la operación.
Por eso, la intervención de estos aparejos tiene una consecuencia que va más allá del decomiso: evita que continúe la presión sobre los recursos de las rías.
A esta actuación se suma el decomiso de cerca de 300 kilos de pescado y marisco. Una parte importante de las capturas se encontraba viva y pudo ser devuelta al medio marino.
Ese dato resulta especialmente significativo. La lucha contra el furtivismo no consiste únicamente en retirar producto ilegal del circuito comercial, sino también en recuperar, siempre que las condiciones lo permiten, recursos que todavía pueden regresar al ecosistema.
O Grove, un caso que muestra la otra cara del problema
Si las actuaciones sobre el terreno permiten evitar capturas ilegales, la operación desarrollada en O Grove muestra qué puede ocurrir cuando el producto ya ha salido del mar.
La Guardia Civil interceptó en el municipio una furgoneta isotérmica que transportaba 434 kilos de bivalvos sin la documentación necesaria para acreditar su trazabilidad.
La mercancía estaba formada por 249 kilos de berberecho, 107 kilos de almeja babosa y 78 kilos de almeja japónica. El producto fue trasladado a la lonja de O Grove y quedó bajo custodia mientras se realizaban las comprobaciones correspondientes.
El vehículo circulaba con destino a una empresa del municipio. En el momento de la inspección, el conductor no disponía de la documentación necesaria para acreditar de manera inmediata el origen y recorrido de la mercancía.
La operación resulta especialmente relevante por el volumen intervenido y porque sitúa el problema más allá de la extracción furtiva.
Aquí la pregunta ya no es solamente quién sacó el marisco del mar, sino también quién lo compró, quién lo transportó y quién esperaba recibirlo.
Cuando el furtivismo intenta entrar en el mercado
El caso de O Grove permite observar una de las mayores dificultades en la lucha contra el producto ilegal: impedir que una mercancía de origen no acreditado termine integrada en un circuito comercial aparentemente normal.
La trazabilidad es el mecanismo que permite seguir el recorrido de los productos del mar desde su origen hasta el consumidor.
En los moluscos bivalvos esta garantía adquiere una importancia especial porque su seguridad depende, entre otros factores, de las condiciones sanitarias de las zonas donde han sido extraídos.
Sin una procedencia acreditada resulta mucho más difícil determinar qué controles ha superado una partida, de qué zona procede y bajo qué condiciones ha sido manipulada y transportada.
Por eso, una operación como la de O Grove no debe analizarse únicamente como un decomiso de marisco.
También representa un control sobre la puerta de entrada del producto irregular en la cadena comercial.
El riesgo no termina en el recurso esquilmado
El furtivismo tiene consecuencias ambientales y económicas, pero también puede plantear problemas relacionados con la seguridad alimentaria cuando el producto llega al mercado sin las garantías exigidas.
Los bivalvos pueden acumular biotoxinas y otros contaminantes presentes en el medio. De ahí la importancia de que las zonas de producción estén sometidas a controles y de que el producto comercializado pueda ser identificado y trazado.
Cuando se desconoce el origen de una partida, desaparece una parte esencial de esa garantía.
En O Grove, los 434 kilos intervenidos quedaron a disposición de los servicios competentes para las comprobaciones sanitarias correspondientes.
Una amenaza directa para el marisqueo profesional
La presión del furtivismo tampoco afecta únicamente al recurso.
El marisqueo profesional está sometido a permisos, planes de explotación, vedas, tallas mínimas, controles sanitarios y obligaciones de comercialización.
Quien trabaja al margen de esas normas se enfrenta a una estructura de costes y controles completamente diferente.
El resultado es una competencia desleal frente a los profesionales que dependen legalmente de los recursos de las rías.
Cada captura ilegal que llega al mercado puede competir con un producto obtenido por un mariscador que ha tenido que cumplir todas las obligaciones exigidas para ejercer su actividad.
Y cuando además se pierde la trazabilidad, el consumidor puede no disponer de elementos suficientes para distinguir entre ambos productos.
De la nasa al vehículo: seguir todo el recorrido
Los resultados de esta semana muestran que la lucha contra el furtivismo necesita actuar en distintos puntos de la cadena.
Primero está el medio marino, donde se utilizan aparejos ilegales o se realizan capturas al margen de las normas.
Después aparece el almacenamiento y el transporte.
Y finalmente está el mercado, donde el producto puede intentar incorporarse a canales legales.
La retirada de más de 1.000 nasas actúa sobre el primer eslabón. Los decomisos de pescado y marisco permiten intervenir sobre las capturas. Y actuaciones como la de O Grove inciden sobre el transporte y la posible entrada de producto sin trazabilidad en la cadena comercial.
Son actuaciones diferentes, pero forman parte de un mismo problema.
O Grove vuelve a poner el foco en la trazabilidad
Los 434 kilos de bivalvos intervenidos en O Grove representan una cantidad suficientemente importante como para poner de manifiesto la dimensión económica que puede alcanzar el tráfico irregular de productos del mar.
Pero el dato más relevante no está solamente en los kilos.
Está en el recorrido que esos kilos pueden realizar.
Del mar al vehículo y del vehículo al mercado.
La lucha contra el furtivismo resulta mucho más eficaz cuando consigue seguir ese recorrido y no se limita a actuar sobre quien realiza la extracción.
Por eso, la operación de O Grove adquiere especial significado dentro de una semana marcada por una intensa actividad inspectora en las rías gallegas.
Proteger hoy el recurso para garantizar mañana la actividad
La intervención de más de un millar de nasas y la recuperación de buena parte de las capturas vivas devueltas al mar muestran la importancia de mantener una vigilancia continuada sobre los recursos.
Las rías no son una fuente inagotable.
De su capacidad para mantener poblaciones de peces y mariscos depende también el futuro de miles de profesionales que viven de la pesca y el marisqueo.
La lucha contra el furtivismo, por tanto, no puede reducirse a una sucesión de decomisos y sanciones.
Tiene una dimensión ambiental, económica, sanitaria y social.
Y la semana de controles deja precisamente esa fotografía: más de 1.000 nasas retiradas, cerca de 300 kilos de pescado y marisco decomisados y una parte importante de las capturas devuelta viva al mar.
A ello se suma en O Grove una intervención especialmente significativa: 434 kilos de almeja y berberecho sin trazabilidad que no pudieron acreditar su origen en el momento del control.
El mensaje que dejan todas estas actuaciones es claro: proteger las rías no consiste únicamente en impedir que se extraiga ilegalmente un recurso. También significa impedir que ese producto encuentre después una vía de entrada en el mercado.
Porque la batalla contra el furtivismo empieza en el mar, continúa en tierra y termina en el mercado.