“Marisqueo de bañador”: el furtivismo de verano en Galicia

  • El furtivismo estival se extiende en Galicia: turistas y vecinos extraen bivalvos y percebes sin licencia, dañando el recurso y al sector marisquero.

El “marisqueo de bañador”, una amenaza invisible para el mar gallego

Cada verano, cuando la marea baja y las playas se llenan de turistas, también se repite una escena conocida para el sector: familias y bañistas que, cubo en mano, recogen almejas, berberechos o incluso percebes sin permiso. A esa práctica, aparentemente inocente, se le ha puesto un nombre: “marisqueo de bañador”. Un furtivismo estacional que, aunque se produzca a pequeña escala y sin ánimo comercial directo, supone un serio problema para la sostenibilidad de los bancos marisqueros y percebeiros de Galicia.

El último ejemplo tuvo lugar en la playa de Soesto (Laxe), dentro de la jurisdicción del pósito de Camelle. Allí, percebeiros de la agrupación camariñana sorprendieron a una turista catalana cogiendo percebes. La mujer abandonó el lugar antes de la llegada del vigilante, por lo que no pudo ser sancionada, aunque los percebes extraídos fueron recuperados por la cofradía.

El patrón mayor de Camelle, Xosé Xoán Bermúdez Tajes, mostró su preocupación por el repunte del furtivismo: “Nos obliga a organizarnos en patrullas de vigilancia”, explicó. De hecho, hace apenas unos días los mariscadores de la zona también persiguieron una embarcación con buceadores que operaba de forma ilegal y que acabó huyendo hasta Corme, con destino probable al puerto exterior de Langosteira.

Un fenómeno repetido en toda la costa

Lo ocurrido en Soesto se suma a los recientes episodios de Mugardos, donde en apenas tres días la Policía Local y el guarda rural de la cofradía intervinieron dos bolsas de almejas recogidas en las playas de Bestarruza y Nande. Los infractores alegaban desconocimiento de la norma o consumo propio.

El patrón es siempre similar: veraneantes o incluso vecinos que, aprovechando el baño o el paseo, recogen unos kilos de bivalvos o percebes para preparar una comida. Para el sector, se trata de un “furtivismo invisible”, difícil de controlar porque no hay ánimo de venta en lonja y porque suele pasar desapercibido. Sin embargo, las cifras globales preocupan. Como señalan distintas cofradías: “Un kilo aquí, otro allí… al final del verano desaparecen toneladas que deberían ir al mercado legal y que son fruto del esfuerzo de las mariscadoras y percebeiros”.

El daño oculto: sostenibilidad y seguridad alimentaria

El marisqueo ilegal no solo afecta al bolsillo de los profesionales que dependen de cupos y jornadas duras en el intermareal o en las rocas. También compromete la regeneración de los bancos y de los perceberos, que requieren planificación, repoblación y un control sanitario constante.

Además, el consumo de productos extraídos sin supervisión entraña riesgos para la salud: sin trazabilidad ni depuración, las almejas, berberechos o percebes pueden transmitir toxinas o contaminantes presentes en el agua.

Vigilancia y concienciación, las dos claves

La colaboración entre cofradías, Policía Local, Gardacostas y vecinos resulta crucial, como demuestran las incautaciones en Mugardos o la intervención en Soesto. Sin embargo, los profesionales insisten en que no basta con sancionar: hace falta educación. Muchos turistas desconocen que en Galicia el marisqueo y el percebeo están regulados y que incluso para autoconsumo es necesaria autorización.

La Xunta ha intensificado campañas informativas en playas y puertos, pero desde el propio sector se reclama más: señalización clara en zonas sensibles, mayor presencia de guardas y sanciones proporcionales que desincentiven estas prácticas.

Una lección de verano para el futuro del mar

El “marisqueo de bañador” es, en apariencia, una anécdota de verano. Pero en la práctica representa una amenaza creciente para la sostenibilidad del recurso y la viabilidad económica de miles de familias que viven del mar.

La escena de una familia con un cubo de almejas o una turista cogiendo percebes puede parecer inofensiva, pero para las mariscadoras y percebeiros que madrugan a diario y trabajan con licencias, cuotas y control sanitario, cada extracción ilegal es una grieta más en un sistema ya tensionado.

El mar gallego no es un self-service de vacaciones. Es un medio vivo, frágil y motor económico. Y el futuro del marisqueo depende de que quienes lo disfrutan en verano también lo respeten.