- Un estudio de la Universidad de Vigo confirma que el calentamiento del mar pone en jaque a los bivalvos y amenaza el futuro del marisqueo gallego en las rías.
Galicia bajo una ola de calor marina sin precedentes
Desde julio de 2024, el mar gallego atraviesa una ola de calor marina que ya se considera la más larga desde que existen registros detallados. Las rías de Vigo, Pontevedra y el entorno de las Illas Atlánticas superan los valores térmicos históricos con hasta tres grados por encima de la media entre 1982 y 2015, según el Observatorio Marino del Cambio Global.
Los datos del programa europeo Copernicus y del sistema TIAMAT confirman que abril y mayo de 2025 marcaron máximos históricos, con temperaturas medias de 17 °C cuando lo habitual ronda los 15 °C. No se trata de un fenómeno puntual: se clasifica como “ola de calor marina prolongada” al superar durante más de cinco días seguidos el 90 % de los registros anteriores.
Impacto directo en las rías y en la economía del mar
Este calentamiento no es una anécdota meteorológica, sino una amenaza estructural. Cambia el fitoplancton, desajusta la cadena trófica y compromete la productividad de especies marinas que sustentan al sector pesquero y marisquero. Entre las más afectadas: el mejillón, el pulpo, el berberecho y la ameixa babosa.
Un reciente estudio desarrollado en la Universidade de Vigo, dentro del grupo EPhysLab, lo ha demostrado de forma empírica. A partir de simulaciones de olas de calor extremas, se ha identificado que el berberecho (Cerastoderma edule) y la ameixa babosa (Venerupis corrugata) presentan una mayor vulnerabilidad térmica, especialmente en los sedimentos poco profundos de la ría de Arousa.

Lombos do Ulla: punto crítico en el corazón de Arousa
La zona analizada —los Lombos do Ulla, entre Carril (Vilagarcía) y Punta Seveira (Rianxo)— es uno de los puntos de mayor productividad marisquera de Galicia. Sin embargo, su escasa profundidad y su baja renovación de agua durante episodios de calma atmosférica lo convierten en un enclave extremadamente sensible a las olas de calor.
Adrián Castro-Olivares, autor del estudio, explica que simularon el transporte de calor al sedimento para observar cómo afecta a los bivalvos enterrados. Las especies que viven más cerca de la superficie, como el berberecho, quedan más expuestas al estrés térmico. Mientras tanto, la ameixa xapónica o la ameixa fina resisten mejor por habitar a mayor profundidad, aunque también podrían ver reducido su confort térmico hasta un 25 % entre 2050 y 2074.
Más calor, menos vida: un futuro comprometido
La investigación prevé hasta 88 olas de calor entre 2025 y 2099, algunas de hasta 15 días con aire a 35 °C y viento en calma, lo que estratifica el agua e impide su renovación. En esas condiciones, los fondos se recalientan, se reduce la oxigenación y se alteran procesos clave como la filtración, la expresión génica o la tasa de supervivencia.
En paralelo, otros factores se suman al problema: mayor carga orgánica, cambios en la salinidad, alteración de corrientes y dinámica de sedimentos. Todo ello impacta de lleno en uno de los motores económicos de las Rías Baixas: el marisqueo de bivalvos, que en 2024 generó más de 45 millones de euros y empleó a 4.300 personas.
El mar ya no es el que era
El cambio climático ya está aquí, y las rías gallegas lo están sufriendo antes que nadie. Lo que antes eran eventos extremos puntuales se convierten ahora en parte del nuevo régimen térmico marino.
El trabajo de la UVigo aporta un mapa de riesgos que no puede ser ignorado. Porque si algo queda claro es que el mar —como siempre— avisa primero. Y si no se actúa con previsión, el coste ecológico y económico será cada vez más difícil de revertir.