- Las cofradías de Pontevedra rechazan la geolocalización obligatoria impuesta por la UE y acusan a las instituciones de atosigar a la flota artesanal gallega.
Geolocalización forzosa: la flota artesanal gallega planta cara a Bruselas
La caja azul, una amenaza más que una solución
Las cofradías de pescadores de la provincia de Pontevedra han dicho basta. Su rechazo es tajante ante las nuevas obligaciones impuestas por la Unión Europea, que a partir de enero de 2026 obligará a embarcaciones de entre 12 y 15 metros que faenen en aguas nacionales a instalar un sistema de geolocalización por satélite, la llamada “caja azul”. Y en 2028 la medida se extenderá incluso a las embarcaciones menores de 12 metros, aunque con un sistema móvil.
Para las cofradías, esta exigencia no solo es innecesaria, sino que ahoga todavía más a la flota más vulnerable del mar gallego: la artesanal, que apenas pasa 24 horas en el mar y opera en caladeros costeros. “Se está atosigando a un sector que ya sufre bastante”, denuncian.
¿Control o persecución?
La Federación Provincial de Cofradías de Pontevedra no ha escatimado en calificativos: hablan de “imposición”, de “burocracia asfixiante” y de una “persecución constante al sector pesquero”, con Bruselas y Madrid como responsables directos.
Aunque el Ministerio de Pesca ha anunciado ayudas para la instalación de los dispositivos, las cofradías recuerdan que el problema real es el mantenimiento, la operatividad diaria y la desconfianza generada entre quienes llevan generaciones faenando sin necesidad de satélites.
“Esto no va de sostenibilidad, va de desmantelar el tejido tradicional del mar. Se vende como modernización, pero se aplica como control y sospecha”, alertan desde la ría de Arousa.

Impacto real: el rural mariñeiro en riesgo
Más allá de la tecnología, lo que se juega en este conflicto es el futuro de cientos de pequeñas embarcaciones que dan vida a las lonjas, a los puertos y a las economías locales. Marineros, mariscadoras y jóvenes que sí quieren relevo generacional, pero con dignidad, no con desconfianza.
La flota artesanal representa identidad, proximidad y sostenibilidad real, sin necesidad de satélites para justificar su trazabilidad. “Quieren vendernos como problema lo que siempre fue solución”, critican desde varias cofradías de la ría de Pontevedra y O Morrazo.
Un nuevo frente abierto entre mar y política
La medida llega en un momento delicado, con la pesca de bajura en retroceso, la juventud alejándose del mar por falta de condiciones y el esfuerzo administrativo creciendo sin freno. La sospecha de que esta geolocalización es una herramienta para futuras restricciones —o sanciones— está muy presente en las lonjas.
Por ahora, ni la Consellería do Mar ni el Ministerio han logrado calmar los ánimos. El problema no es solo quién paga la caja azul, sino quién decide qué significa pescar con libertad en el siglo XXI.