- La guerra en Oriente Medio dispara el precio del gasoil hasta un 72 % y el sector pesquero alerta de que muchas mareas ya no son rentables.
- La escalada del gasoil tras la guerra en Oriente Medio pone en jaque a la pesca. El sector pide ayudas urgentes para evitar el amarre de la flota.
La flota pesquera vuelve a mirar con preocupación al precio del combustible. En apenas una semana, el gasoil ha experimentado un incremento de hasta el 72 %, un golpe directo a la rentabilidad de los barcos que amenaza con paralizar parte de la actividad si la escalada continúa.
Organizaciones como ARVI (Cooperativa de Armadores de Vigo), la Federación Galega de Confrarías o Cepesca han encendido las alarmas y reclaman medidas urgentes de apoyo institucional, similares a las adoptadas durante la crisis energética de 2022.
El detonante de esta nueva tormenta económica es el conflicto bélico iniciado a finales de febrero tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha tensionado los mercados energéticos globales y amenaza con alterar las cadenas logísticas internacionales.
El combustible, el mayor coste de la pesca
En la mayoría de las flotas, el combustible representa alrededor del 40 % de los costes operativos, por lo que cualquier variación en su precio impacta de forma inmediata en la rentabilidad de las mareas.
Según datos del sector, el gasoil pesquero ha pasado en cuestión de días de unos 0,53–0,55 euros por litro a superar el euro en algunos puertos europeos.
En Vigo, uno de los principales puertos pesqueros de España, el precio alcanzó los 0,99 euros por litro, mientras que en Irlanda —donde repostan buques que operan en Gran Sol— ya se han registrado precios de 1,10 euros por litro.
ARVI asegura que, en algunos casos, el combustible ha pasado de 0,555 euros a 0,991 euros por litro en apenas una semana, una subida que vuelve a situar al sector en una situación similar —o incluso peor— que la vivida tras la invasión rusa de Ucrania.
El problema no se limita al combustible: el incremento de los precios de electricidad, gas, transporte marítimo y almacenamiento en frío también está presionando la estructura de costes de la cadena pesquera.
Mareas que ya no salen rentables
Las consecuencias ya se están notando en la actividad diaria de la flota.
Según el secretario general de Cepesca, Javier Garat, muchas mareas de la semana pasada ya no han sido rentables, lo que significa que algunos barcos han regresado a puerto con pérdidas.
En determinadas modalidades de pesca, el umbral de rentabilidad se sitúa en torno al euro por litro de gasoil, una barrera que vuelve a superarse en numerosos puertos.
La situación genera incertidumbre entre armadores y tripulaciones. En algunos casos, incluso se empieza a plantear la posibilidad de amarrar barcos si los costes continúan disparándose.

La flota artesanal también alerta
El impacto no se limita a la gran flota o a los barcos de altura.
Desde la Federación Galega de Confrarías de Pescadores, su presidente, José Antonio Pérez, advierte de que el encarecimiento del carburante pone en riesgo la viabilidad de la pesca artesanal, compuesta por pequeñas embarcaciones con márgenes económicos muy ajustados.
Según explica, el sector llega además debilitado tras un invierno especialmente duro en las costas gallegas, por lo que la subida prematura del combustible supone un nuevo golpe.
“Cualquier variación en los costes fijos es un duro golpe para el sector”, advierte, reclamando al Gobierno medidas de apoyo urgentes y contundentes.
Problemas logísticos y laborales
El conflicto en Oriente Medio también está provocando efectos colaterales en el funcionamiento de la flota internacional.
Las alteraciones en las rutas aéreas están complicando el relevo de tripulaciones, especialmente en la flota de larga distancia. Aeropuertos clave como Doha o Dubái —nodos fundamentales en las conexiones entre Europa, Asia y África— han reducido su operativa, obligando a buscar rutas alternativas.
Esto ha disparado el precio de los vuelos. Algunos billetes que normalmente rondaban los 3.000 euros por tripulante han llegado a costar hasta 8.000 euros.
Además, las alteraciones en el transporte marítimo también están afectando al suministro de material y a la logística de la flota.
La crisis del transporte marítimo agrava la situación
El bloqueo o la inseguridad en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz o los accesos al mar Rojo está alterando los itinerarios del transporte marítimo internacional.
Algunas navieras están optando por rutas mucho más largas para evitar zonas de riesgo, lo que incrementa los tiempos de tránsito y eleva los costes de transporte.
Esto afecta tanto al abastecimiento de buques como a la comercialización de productos pesqueros.
Un ejemplo citado por el sector es el de una empresa española de atún rojo que ha tenido que interrumpir exportaciones semanales de hasta 8.000 kilos hacia Asia debido a las dificultades logísticas.
El sector reclama ayudas urgentes
Ante este escenario, las organizaciones pesqueras han comenzado a movilizarse.
ARVI ha solicitado a la Secretaría General de Pesca la activación urgente de medidas extraordinarias de apoyo al sector. Entre las propuestas figuran:
• compensaciones por el incremento del combustible
• activación de fondos del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA)
• ayudas por paradas temporales de la flota
• apoyo al almacenamiento a través de organizaciones de productores
En paralelo, Cepesca ha remitido una carta al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, mientras que la patronal europea Europêche ha hecho lo propio ante el comisario europeo de Pesca, Costas Kadis.
El objetivo es evitar que la crisis energética vuelva a obligar a paralizar la actividad pesquera, como ocurrió en anteriores crisis.
Una nueva tormenta para el sector pesquero
La pesca europea afronta así un nuevo escenario de incertidumbre marcado por factores geopolíticos que escapan al control del propio sector.
El incremento del combustible, las dificultades logísticas y la volatilidad de los mercados vuelven a poner en evidencia la vulnerabilidad estructural de la actividad pesquera frente a las crisis globales.
Mientras tanto, armadores y pescadores observan con inquietud la evolución del conflicto y de los mercados energéticos.
Porque si el gasoil sigue subiendo, el riesgo es claro: parte de la flota podría verse obligada a amarrar, con consecuencias directas no solo para el sector, sino también para el abastecimiento de pescado y marisco en los mercados.