- Durante la veda del pulpo en Galicia se requisaron más de 6.000 nasas y 1.200 kilos capturados de forma ilegal, con especial incidencia en la zona sur.
Veda del pulpo: el furtivismo desafía la recuperación del recurso
La veda del pulpo en Galicia, uno de los parones biológicos más relevantes del calendario pesquero gallego, vuelve a dejar cifras preocupantes sobre la mesa. A pesar de las restricciones en vigor desde abril y la intensa vigilancia desplegada por los Gardacostas, más de 6.000 artes ilegales fueron incautadas en apenas dos meses.
La cifra no solo confirma que el furtivismo sigue activo durante la parada reproductiva del cefalópodo, sino que también revela una fuerte concentración de actividad ilegal en el sur gallego, con la zona de A Guarda-Ría de Vigo acaparando el 78% del material decomisado.
El ciclo vital del pulpo, en juego
La veda del pulpo en Galicia no es caprichosa. Se aplica cada año en los meses críticos para la reproducción y desove de la especie, y está alineada con los objetivos del Plan de Gestión del Pulpo. Entre abril y julio, se prohíbe cualquier tipo de captura en aguas bajo competencia autonómica para dar un respiro biológico a la población del Octopus vulgaris, uno de los pilares de la pesca artesanal gallega.
Sin embargo, la realidad en el mar es otra. Según datos del propio Servizo de Gardacostas, desde abril se requisaron 1.287 kilos de pulpo capturado ilegalmente. En muchos casos, las nasas contenían hembras ovando, lo que multiplica el impacto negativo sobre la regeneración del recurso.

Un foco claro: sur gallego y pesca furtiva organizada
El mapa del furtivismo revela un patrón claro: la mayoría de las capturas ilegales y artes incautadas se concentran en el sur de Galicia, especialmente en la zona entre A Guarda y la ría de Vigo. Allí se retiraron 4.613 cacharros y nasas, muy por delante de áreas como Fisterra–Porto do Son (584) o Arousa Sur (512).
Otras zonas, como Ferrol (159), Pontevedra-A Lanzada (61) o la costa lucense (28), registran cifras residuales, pero evidencian que la presión furtiva está presente en todo el litoral.
También hay un cambio interesante entre meses: el 62% del material incautado se retiró en abril, coincidiendo con el inicio de la veda. En mayo, las cifras bajaron a 2.276 aparejos, lo que sugiere un posible efecto disuasorio de los primeros operativos.
¿Qué está fallando?
Desde el sector profesional se apunta a varios factores. Por un lado, la alta rentabilidad del pulpo en lonja, que incentiva a redes ilegales organizadas a seguir capturando incluso en plena veda. Por otro, la falta de medios humanos y materiales para controlar miles de kilómetros de costa y una multitud de calas y fondeaderos donde esconder nasas.
Además, la ausencia de sanciones ejemplares sigue siendo un reclamo constante por parte de mariscadores legales y cofradías, que denuncian la “impunidad” con la que operan algunos reincidentes.
Impacto ecológico y económico
La pesca furtiva durante la veda no es solo una infracción: es un ataque directo a la sostenibilidad del recurso, al ciclo reproductivo del pulpo y al futuro de una actividad clave para muchas comunidades costeras.
En particular, la presencia de hembras ovando en las nasas ilegales pone en riesgo años de trabajo en la gestión pesquera. La retirada de esos individuos reproductores impide el asentamiento de nuevas generaciones y acelera el agotamiento de los bancos naturales, afectando tanto al medio ambiente como al bolsillo de los profesionales legales.
Junio: refuerzo en la vigilancia
Con la veda aún en vigor hasta el 1 de julio, el Servizo de Gardacostas ha anunciado nuevos despliegues a lo largo del mes de junio. El objetivo: frenar la actividad furtiva antes de que finalice el periodo de protección, y evitar que aumenten las capturas ilegales justo en la recta final.
El mensaje es claro: la recuperación del pulpo solo será posible con compromiso colectivo, control efectivo y una cadena de valor transparente. En ese reto están implicados pescadores, administración, lonjas y consumidores.