Guerra y piratería: el mar se convierte en un campo de batalla global

  • La ONU alerta de que la piratería y los ataques en el Mar Rojo amenazan la seguridad marítima y el comercio global, con más de 150 incidentes en 2024.

Mar Rojo en guerra: civiles muertos y rutas marítimas al límite

Los últimos ataques con víctimas mortales en el Mar Rojo, donde han sido hundidos dos cargueros en apenas una semana —el Magic Seas y el MV Eternity C—, confirman un escenario que muchos califican ya de guerra no declarada en una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta. La escalada de violencia, impulsada por los rebeldes hutíes y otros actores regionales, ha convertido este corredor en un campo de batalla donde cada jornada deja nuevos daños, víctimas y consecuencias globales.

De los hutíes a la piratería: un mar bajo asedio

En una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU celebrada esta semana, Arsenio Domínguez, secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), advirtió que la piratería se suma a los conflictos armados como una amenaza directa al transporte marítimo mundial, «poniendo en riesgo los buques y la carga, la vida de los marineros y la integridad del comercio global».

En 2024 se registraron cerca de 150 incidentes de piratería y robo a mano armada, con especial incidencia en los estrechos de Malaca y Singapur, el océano Índico y África occidental. Aunque el foco mediático está en el Mar Rojo, la inseguridad se extiende a múltiples puntos estratégicos del planeta.

Decenas de ataques, barcos hundidos y víctimas civiles

Desde que estalló el conflicto en Gaza y la coalición internacional estrechó lazos con Israel, el Mar Rojo se ha convertido en objetivo directo de represalias hutíes, que aseguran atacar buques vinculados a intereses occidentales o israelíes. La realidad es que la mayoría de embarcaciones atacadas son mercantes civiles, sin bandera militar, y con tripulaciones internacionales que nada tienen que ver con el conflicto.

El caso del MV Eternity C es el más reciente: tras ser alcanzado por misiles el lunes y martes, se hundió el miércoles frente a Yemen. Cuatro marinos murieron, incluido un joven cadete. Días antes, el Magic Seas también había sido hundido. En total, se han registrado más de 50 ataques a buques civiles desde diciembre de 2023.

El colapso de una arteria clave del comercio mundial

El Mar Rojo es la puerta de acceso al canal de Suez, por donde pasa el 12% del comercio marítimo global. Con el paso bloqueado o bajo amenaza, las navieras se ven obligadas a rodear el continente africano, una ruta más larga, cara y contaminante.

A los costes operativos y ambientales se suman retrasos en suministros, aumento de precios del transporte y recargos de las aseguradoras. Esta inestabilidad ya alcanza rutas comerciales alejadas del conflicto, agravada por el repunte de la piratería en otras zonas del planeta.

Impacto directo en la pesca y la flota de altura europea

Aunque los ataques suceden a miles de millas, sus consecuencias llegan a Galicia, Francia o Portugal. Las flotas que operan en el Índico, el Canal de Mozambique o el Golfo de Guinea —muchas con base en Vigo, Marín o Ribeira— dependen del paso por Suez para llegar a sus zonas de pesca o exportar sus capturas.

El encarecimiento del combustible y las primas de seguro afectan directamente a la rentabilidad de las campañas pesqueras, mientras crece el temor a un aislamiento logístico de las flotas europeas que faenan en terceros países.

¿Dónde están las instituciones internacionales?

La OMI y la ONU han condenado los ataques y la piratería, pidiendo más prevención y vigilancia. La UE mantiene patrullas navales dentro de la Operación Aspides, pero con recursos limitados. Sin corredores seguros ni estrategias diplomáticas firmes, la respuesta sigue siendo reactiva y fragmentaria.

Una crisis de largo recorrido

La combinación de conflictos armados y piratería dibuja un escenario de inseguridad marítima que podría prolongarse durante años. La ausencia de soluciones políticas estables, el bloqueo diplomático y la rentabilidad que algunos grupos armados obtienen de estos ataques hacen temer una nueva normalidad en la que navegar por ciertas rutas será sinónimo de riesgo extremo.

Para quienes viven del mar —desde un mercante hasta una pesquera gallega—, el mensaje es claro: la amenaza ya no es local, sino global, y si no se actúa pronto, el impacto llegará a los mercados, los precios y los hogares de todo el mundo.