- El operativo de Gardacostas en aguas de Oia retira artes ilegales y devuelve 42 kilos de pulpo al mar para proteger la sostenibilidad de la especie.
El furtivismo sigue siendo una amenaza para el equilibrio del ecosistema marino y la sostenibilidad del sector pesquero. En un nuevo operativo de control, las patrulleras Valentín Paz Andrade y Punta da Guía, adscritas al servicio de Gardacostas de Galicia, han decomisado 500 cacharros de pulpo al oeste de las Islas Orelludas, en aguas del municipio pontevedrés de Oia. En el interior de estas trampas ilegales se hallaron 42 kilos de pulpo, que fueron inmediatamente devueltos al mar. Dos de los ejemplares encontrados estaban en periodo de reproducción y fueron liberados con vida, respetando los protocolos de conservación.
El despliegue se enmarca dentro de la estrategia de vigilancia intensiva contra la pesca ilegal, una prioridad para las autoridades marítimas gallegas. En esta ocasión, los agentes no lograron identificar a los responsables de colocar estas trampas, pero el operativo evidencia la persistencia del problema y la necesidad de un control riguroso para evitar la sobreexplotación de una de las especies más emblemáticas de la costa gallega.

Pesca ilegal: una amenaza para el sector y el ecosistema
La captura del pulpo es una actividad clave para la economía pesquera en Galicia, con estrictos períodos de veda y regulación de artes de pesca que buscan garantizar su sostenibilidad. Sin embargo, la proliferación de métodos no autorizados, como el uso masivo de cacharros ilegales, pone en riesgo tanto la recuperación de la especie como la rentabilidad del sector profesional que cumple con la normativa.
Desde la Consellería do Mar, se subraya la importancia de estos controles marítimos y la retirada de artes prohibidas. A través de un sistema de rastreos continuos por toda la costa gallega, el servicio de Gardacostas detecta y neutraliza estos métodos ilícitos, reforzando la vigilancia para evitar que la pesca furtiva altere el equilibrio del ecosistema marino.
El compromiso con una pesca sostenible no solo responde a la necesidad de preservar los recursos, sino que es un factor clave para la competitividad del sector, garantizando que la pesca regulada y responsable siga siendo viable a largo plazo. Mientras tanto, las autoridades insisten en la colaboración del sector y la ciudadanía para denunciar cualquier actividad irregular que comprometa la salud de los mares.