Furtivismo en Galicia: el mar bajo presión este verano

  • El furtivismo golpea el litoral gallego: más de 418 kilos de pescado y marisco intervenidos en pocos días y cientos de artes ilegales retiradas.
  • Galicia intensifica la lucha contra el furtivismo tras decomisar más de 418 kilos de pescado y marisco y retirar 656 aparejos ilegales en varios operativos.

El furtivismo no se va de vacaciones

Mientras miles de personas disfrutan durante agosto de las playas y rías gallegas, bajo el agua y en algunos arenales se libra otra batalla mucho menos visible: la defensa de unos recursos pesqueros y marisqueros que constituyen el sustento de miles de familias.

Los últimos operativos vuelven a poner cifras a un problema que Galicia conoce desde hace décadas.

Entre el 10 y el 16 de agosto, el Servizo de Gardacostas de Galicia decomisó 263,4 kilos de pescado y marisco y retiró 656 aparejos de pesca y marisqueo ilegales o antirreglamentarios. Las actuaciones terminaron con 46 actas por presuntas infracciones.

Solo unos días después, otro dispositivo, esta vez en el Parque Natural de Corrubedo, permitió recuperar 154,7 kilos de berberecho extraídos ilegalmente.

Sumados ambos operativos, hablamos de más de 418 kilos de recursos marinos intervenidos en cuestión de días.

Pero quizá el dato más preocupante no sea el volumen decomisado, sino lo que revela: la presión ilegal sobre un recurso que ya afronta suficientes amenazas ambientales y económicas.

656 aparejos retirados en solo siete días

El balance de Gardacostas entre el 10 y el 16 de agosto dibuja un mapa del furtivismo que prácticamente recorre todo el litoral gallego.

Las actuaciones se desarrollaron desde las unidades de Portosín, Vilaxoán, Vigo, A Coruña, Muxía, Ferrol, Celeiro y los Servicios Centrales, mediante patrullas terrestres, embarcaciones de vigilancia y operaciones conjuntas con la Policía Autonómica y la Guardia Civil.

Entre los aparejos retirados destacan 503 nasas destinadas a pulpo, nécora, camarón y centollo, además de 129 cacharros para pulpo, 25 piezas de artes de enmalle, 15 nasas tipo butrón, un vivero y diferentes herramientas utilizadas para el marisqueo.

Las cifras permiten entender que el furtivismo no siempre consiste en alguien recogiendo unos kilos de marisco en una playa.

La utilización de centenares de artes ilegales apunta a una dimensión mucho más preocupante: extracciones capaces de ejercer una presión considerable sobre determinadas especies y zonas productivas.

El pulpo vuelve a estar en el punto de mira

El pulpo encabezó las incautaciones de esa semana, con 117,7 kilos, incluyendo producto capturado de forma antirreglamentaria y partidas congeladas sin la trazabilidad necesaria.

Le siguieron 40 kilos de centollo decomisados en la ría de Vigo, 31 kilos de nécora y 30,2 kilos de pancho bicudo interceptados sin documentación en Vilaboa.

También se retiraron más de 35 kilos de bivalvos, entre almeja japonesa, babosa, fina y navaja, además de cantidades menores de percebe, calamar, choco, bogavante, raya, sargo y maragota.

Buena parte de los ejemplares que permanecían vivos fueron devueltos al mar. Los productos aptos para el consumo que no podían regresar al medio natural fueron destinados a entidades benéficas y comedores sociales.

Corrubedo: 154,7 kilos de berberecho y cuatro furtivos

El segundo episodio significativo se produjo en uno de los espacios naturales más emblemáticos de Galicia: el Complexo dunar de Corrubedo e lagoas de Carregal e Vixán, en Ribeira.

Agentes de la Unidade de Investigación de Conservación da Natureza (UICON) localizaron a cuatro personas extrayendo berberecho en una zona restringida.

La operación muestra también hasta qué punto se está sofisticando la vigilancia.

Los agentes utilizaron visores nocturnos, prismáticos y un dron para detectar la actividad, seguir los movimientos y localizar posteriormente el lugar donde permanecían ocultas las capturas.

El resultado fue el decomiso de 154,7 kilos de berberecho, que pudieron ser devueltos al medio al encontrarse en buenas condiciones.

Los cuatro implicados fueron identificados y denunciados por extracción de recursos naturales en un espacio protegido sin autorización.

El daño va mucho más allá del marisco decomisado

Reducir el furtivismo a una sucesión de kilos incautados sería quedarse únicamente con la parte visible del problema.

Cada kilo que entra en los circuitos clandestinos compite con producto extraído legalmente por profesionales que pagan cotizaciones, permisos, seguros y cumplen vedas, tallas mínimas, cupos y planes de explotación.

Existe además otro elemento fundamental: la trazabilidad.

Cuando pescado o marisco llega al consumidor fuera de los canales reglados desaparecen garantías esenciales sobre su procedencia, manipulación y conservación. El furtivismo deja entonces de ser únicamente un problema pesquero para convertirse también en una cuestión económica y de seguridad alimentaria.

Y existe una tercera víctima: el propio ecosistema.

Extraer en zonas prohibidas, utilizar artes no autorizadas o capturar ejemplares fuera de los límites establecidos puede afectar a la capacidad reproductiva de poblaciones que ya soportan cambios de temperatura, alteraciones ambientales, mortalidades y modificaciones de los ecosistemas costeros.

Galicia necesita proteger a quien vive legalmente del mar

Las últimas intervenciones demuestran capacidad de vigilancia, pero también plantean una pregunta inevitable: ¿cuánto pescado y marisco ilegal llega al mercado sin ser detectado?

Los decomisos contabilizan aquello que se consigue interceptar, no necesariamente la dimensión total de la actividad clandestina.

Por eso la lucha contra el furtivismo no puede limitarse al momento de la extracción. Debe abarcar toda la cadena: capturas, transporte, almacenamiento, hostelería, puntos de venta y consumidores.

Comprar marisco sin trazabilidad porque resulta más barato puede parecer una operación menor, pero alimenta un circuito que perjudica directamente al profesional que trabaja dentro de la legalidad.

Galicia posee uno de los patrimonios pesqueros y marisqueros más importantes de Europa. Protegerlo significa vigilar sus rías, pero también garantizar que respetar las normas resulte rentable y que vulnerarlas deje de ser negocio.

Porque cuando el furtivismo esquilma una playa o una zona de pesca, no roba solamente marisco: roba recursos, ingresos y futuro a quienes viven legalmente del mar.