- El relevo generacional en la pesca peligra por trabas fiscales y burocráticas que expulsan a marineros y frenan el acceso a fondos clave del sector.
La tormenta perfecta: fiscalidad, burocracia y falta de relevo en la pesca
El mundo del mar arrastra una crisis profunda que no viene del oleaje, sino de tierra firme. La flota española envejece sin relevo claro, atrapada entre la maraña fiscal, la inacción política y unas condiciones laborales que desincentivan la vocación marinera. La estadística es demoledora: siete de cada diez tripulantes superan los 40 años; solo un 10% tiene menos de 30.
Y mientras tanto, miles de marineros ven cómo se les niega la posibilidad de acogerse a exenciones fiscales que sí disfrutan sus homólogos bajo bandera extranjera. La consecuencia es clara: los jóvenes no suben a bordo y los veteranos, hartos, buscan pabellones foráneos.
Un sistema fiscal que empuja a izar otra bandera
El artículo 7.p de la Ley 35/2006 del IRPF establece que los trabajadores españoles desplazados al extranjero pueden beneficiarse de una exención de hasta 60.000 euros anuales en su declaración de la renta. Pero la condición es doble: trabajar para una empresa no residente o en un país con un convenio de doble imposición.
Para miles de marineros embarcados en buques de bandera española y faenando en aguas internacionales, esta normativa supone un muro fiscal. El Tribunal Supremo, en una sentencia clave, dio la razón a los trabajadores al centrar el foco en la extraterritorialidad del trabajo y no en la nacionalidad de la empresa. Según estimaciones sectoriales, aplicar correctamente esta exención podría suponer un ahorro medio de 30.000 euros por tripulante.
Sin embargo, la respuesta del Estado ha sido esquiva, obligando a muchos trabajadores a acudir a los tribunales para reclamar lo que, en justicia, les corresponde. La situación, para muchos armadores, es insostenible. El resultado: tripulaciones que se dispersan bajo banderas de conveniencia para acceder a condiciones fiscales más favorables.
Jóvenes en tierra, barcos sin manos
La vida en el mar nunca fue fácil, pero hoy la balanza se inclina con más fuerza hacia tierra firme. A igualdad de salario, ningún joven escoge el frío del puente, el salitre en las manos o los meses de ausencia si no hay incentivos que compensen ese sacrificio.
La formación, la homologación de títulos, la mejora de habitabilidad a bordo y los incentivos fiscales brillan por su ausencia. Mientras tanto, las escuelas náutico-pesqueras ven cómo sus aulas se vacían, y solo la incorporación de tripulantes extranjeros —a menudo con contratos precarios— mitiga mínimamente la falta de relevo.
El FEMPA, atrapado en la red de la burocracia
Otro frente abierto es el del Fondo Europeo Marítimo de Pesca y de Acuicultura (FEMPA). Concebido como salvavidas para la modernización y competitividad del sector, sus ayudas están lejos de llegar a puerto. La causa: una burocracia asfixiante, normas superpuestas y controles que rozan el exceso.
En junio de 2024, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, de los más de 1.100 millones de euros asignados a España, solo se habían aprobado expedientes por 14,7 millones. Apenas un 1,3% de ejecución. En la pesca artesanal, las condiciones para renovar o modernizar embarcaciones son tan restrictivas que muchos armadores ni siquiera pueden optar a ellas.
Esta parálisis tiene consecuencias directas: frena la renovación de flota, impide la mejora de condiciones a bordo y condena a las zonas más dependientes del mar a la pérdida de empleo y de tejido económico.
Mediterráneo: entre mallas y promesas
En el Mediterráneo, la situación no mejora. Las restricciones impuestas por Bruselas desde 2019 sobre la pesca demersal —afectando a especies como la gamba roja, la cigala o el langostino— han reducido los días de faena y multiplicado los requisitos técnicos. En 2025, la actividad se ha limitado a 130 días anuales y se exige la incorporación de mallas más cerradas.
Pero el esfuerzo del sector no encuentra correspondencia institucional. Los pescadores, como denuncian desde el Senado, no saben si recibirán las ayudas prometidas para adaptar sus equipos ni cuándo. A esto se suma la intención del Ejecutivo de repartir las capturas de gamba por barco, una medida que amenaza con agravar aún más la presión sobre las pequeñas embarcaciones.
Una política de espaldas al mar
El Gobierno ha incrementado la presión fiscal —más de 80 subidas de impuestos en esta legislatura— y, sin embargo, no ha accedido a medidas básicas como la bajada del IVA del pescado, la aprobación de un segundo registro para la flota de altura o la adaptación de coeficientes reductores para el palangre.
El documento de formación y relevo generacional presentado en 2024, lejos de ofrecer soluciones reales, ha sido calificado por el propio sector como una declaración vacía. Ni medidas concretas, ni presupuestos definidos, ni plazos. Solo promesas sobre el papel.
El mar pide auxilio
La situación es crítica. Sin jóvenes a bordo, sin incentivos, sin ayudas eficaces y con una fiscalidad que castiga a quienes se embarcan bajo pabellón nacional, el futuro de la pesca española está en juego.
El relevo generacional no puede esperar. Y tampoco lo puede hacer una política fiscal coherente con la realidad de quienes, desde hace siglos, sostienen con su trabajo la soberanía alimentaria de nuestras costas.