- Una investigación revela que más de un tercio del bacalao vendido en la UE tiene información incorrecta sobre su origen, a pesar de la estricta normativa vigente.
Oceana alerta sobre etiquetado engañoso en el bacalao
El fraude en el etiquetado de productos del mar sigue siendo una asignatura pendiente en la Unión Europea. A pesar de contar con una de las legislaciones más estrictas del mundo en trazabilidad y etiquetado de pescados y mariscos, la aplicación de estas normativas sigue siendo inconsistente. Así lo denuncia un reciente estudio publicado en Fisheries Research, en el que se analizaron 108 productos de bacalao del Atlántico, revelando que un 34 % de las muestras presentaban información incorrecta sobre su origen geográfico.
La investigación fue liderada por Marine Cusa, asesora de política marina en Oceana en Europa e investigadora de la Universidad Técnica de Dinamarca. Los resultados exponen que casi un tercio de las 31 muestras analizadas mediante pruebas genéticas tenían discrepancias en la comunicación escrita o verbal sobre su procedencia.
Un problema estructural y deliberado
Oceana advierte que este tipo de prácticas no solo afectan la confianza del consumidor, sino que también ponen en riesgo la sostenibilidad de la pesca. “El etiquetado preciso de los mariscos es esencial para una gestión pesquera responsable”, señala la organización, que subraya que, aunque se han logrado avances en la identificación de especies, la tergiversación del origen geográfico sigue siendo un problema extendido.

Las causas de este fraude son diversas. Por un lado, la complejidad de la cadena de suministro dificulta la trazabilidad. Por otro, existen prácticas deliberadas que buscan encubrir el origen real del producto, ya sea para esquivar regulaciones o para vender pescado de menor calidad como si fuera de zonas más valoradas comercialmente.
Mayor transparencia, la única solución
Oceana reclama medidas urgentes para reforzar la trazabilidad de los productos pesqueros y garantizar que los consumidores tengan acceso a información veraz. “Los consumidores deben poder tomar decisiones informadas y exigir responsabilidad a los minoristas”, afirma la organización.
El reto es claro: sin una acción decidida por parte de las autoridades y la industria, el fraude en el etiquetado seguirá minando la confianza del consumidor y poniendo en riesgo la sostenibilidad de los océanos.