Explosivos en el cerco gallego: la sombra que vuelve a Corcubión

  • La Guardia Civil investiga el regreso del uso de dinamita en la pesca de sardina. Una práctica letal para el mar y la reputación del sector gallego.

Un eco del pasado que vuelve a inquietar al sector

No hay pescador veterano que no recuerde aquellos años oscuros en los que algunos barcos sin escrúpulos lanzaban cartuchos al agua para “levantar” la sardina. La práctica, erradicada desde hace más de cuatro décadas, parecía ya solo un mal recuerdo. Pero el reciente operativo de la Guardia Civil en Corcubión ha devuelto ese eco al muelle: la sospecha de que alguien podría estar intentando reabrir un capítulo que Galicia daba por cerrado.

Veinte agentes y un cerquero bajo la lupa

A primera hora del 28 de octubre, la dársena de Corcubión amaneció tomada por más de veinte agentes —uniformados y de paisano— que actuaron bajo mandato judicial. El objetivo era un cerquero con base en Camariñas, identificado por varios medios como el Lobo do Mar. La operación, desarrollada con apoyo del Servicio Cinológico, incluyó perros entrenados para detectar explosivos, un recurso poco habitual en investigaciones pesqueras.
El despliegue se originó tras varias llamadas de marineros de la Costa da Morte, preocupados por el posible regreso del uso de dinamita en el cerco de la sardina.

Cuatro detenidos, siete investigados y un sumario bajo secreto

La Guardia Civil detuvo inicialmente a cuatro personas: el patrón, tres tripulantes y el armador. Tras su paso por dependencias judiciales, tres fueron liberados con cargos y el caso quedó bajo secreto de sumario. Según fuentes judiciales, hasta siete personas han declarado ya ante el Juzgado de Corcubión.

Las primeras pesquisas apuntan a la existencia de material explosivo compatible con dinamita vinculado al barco. El pesquero fue trasladado a un punto de amarre seguro en la ría, mientras los agentes rastrean almacenes y dependencias asociadas a la empresa armadora.

Una práctica letal para el mar y para quien la usa

Los técnicos coinciden: un cartucho de explosivo bajo el agua puede provocar una onda expansiva letal para todo tipo de fauna marina. No solo mata peces adultos, sino también larvas, huevos y especies sin interés comercial. “El mar queda arrasado en segundos”, señalan fuentes del sector.

El impacto ecológico se multiplica cuando se repiten las detonaciones en áreas costeras, donde la biodiversidad y los ciclos reproductivos son esenciales para mantener la productividad de la sardina.

El cerco gallego, ante un golpe a su credibilidad

El cerco es una de las flotas más reguladas de Galicia, con cupos, trazabilidad y certificaciones que acreditan su sostenibilidad. El sector teme ahora que este episodio manche años de trabajo y esfuerzo por limpiar su imagen.
“Un caso así no representa a nadie. Pero una sola mancha puede hacer mucho daño en los mercados”, lamenta un armador consultado por CostaOeste.gal.

La Consellería do Mar, que sigue la investigación a través del Seprona, ha recordado que el uso de explosivos constituye un delito medioambiental grave, además de suponer un riesgo extremo para la tripulación.

Cero tolerancia y máxima vigilancia

España mantiene desde los años 80 una prohibición absoluta sobre cualquier arte explosiva en la pesca. Las penas pueden incluir prisión y retirada de licencia. Desde el sector reclaman que el caso sirva para reforzar la vigilancia y evitar que unos pocos empañen la reputación de toda la flota.

“No podemos permitir que cuatro imprudentes tiren por tierra el trabajo de cientos de marineros honestos”, apuntan desde la Federación Galega de Confrarías.

Un aviso al litoral gallego

El caso Corcubión ha actuado como un recordatorio de que el mar gallego sigue bajo observación. En un momento en que las exportaciones de pescado fresco y las certificaciones de sostenibilidad son esenciales para competir en Europa, cualquier práctica destructiva no solo amenaza el ecosistema: también el futuro económico de la costa.