- España insta a más de 150 países a ratificar el Tratado de los Océanos, clave para proteger la biodiversidad marina en aguas internacionales.
España toma el timón para salvar la alta mar
España ha lanzado un mensaje claro y urgente al mundo: es hora de proteger la biodiversidad marina más allá de las fronteras nacionales. Lo ha hecho enviando una carta a 152 gobiernos para que ratifiquen el Tratado de los Océanos, conocido formalmente como acuerdo BBNJ (Biodiversity Beyond National Jurisdiction), un instrumento internacional que busca regular y conservar los recursos de la alta mar, ese 64% de los océanos que hoy sigue siendo tierra de nadie.
A día de hoy, solo 21 países han ratificado este acuerdo. Para que entre en vigor como norma legal internacional, se necesitan 60 ratificaciones. España no solo fue el primer país europeo en firmarlo (el pasado 4 de febrero), sino que ahora se posiciona como punta de lanza para acelerar su entrada en vigor.
¿Qué está en juego en el corazón del océano?
La alta mar alberga una biodiversidad tan rica como desconocida. En estas aguas, que no pertenecen a ningún Estado, la actividad humana ha crecido sin control: pesca industrial, tráfico marítimo, minería submarina y experimentación genética. El acuerdo BBNJ busca establecer normas para conservar estos ecosistemas, garantizar un reparto justo de los beneficios derivados de sus recursos y reforzar la cooperación científica.
Para quienes viven del mar —desde pescadores artesanales hasta comunidades costeras—, la entrada en vigor del tratado supone blindar los ecosistemas que sostienen su forma de vida. Para el planeta, es un paso crucial en la carrera contra el cambio climático, ya que los océanos regulan más del 50% del oxígeno y capturan buena parte del CO₂ emitido por la actividad humana.

Una carrera contrarreloj hacia la Cumbre de Niza
La iniciativa española, liderada por la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, llega en la antesala de la Conferencia de los Océanos de Niza, que se celebrará del 9 al 13 de junio. El Gobierno quiere que esa cita sea el catalizador que acelere las ratificaciones restantes. En las cartas enviadas, Aagesen apela al compromiso ético de los gobiernos: “por las comunidades que viven del mar, por la ciencia que aún explora sus secretos y por las generaciones futuras”.
La misiva enviada a la ministra brasileña Marina Silva resume el espíritu del llamamiento: si no se protege la alta mar ahora, puede que pronto ya no quede nada que proteger.
Cooperación o colapso: un tratado con urgencia ambiental
La ratificación del BBNJ no es solo un gesto político: es un termómetro del compromiso real de la comunidad internacional con la sostenibilidad y la gobernanza oceánica. En un mundo que se fragmenta en bloques y disputas geopolíticas, un acuerdo como este demuestra que aún es posible poner por delante los intereses del planeta.
Para el sector marino, su aprobación abriría un nuevo marco legal para explotar y conservar los recursos de la alta mar bajo reglas claras y equitativas. A la vez, reforzaría la trazabilidad de las actividades extractivas, favorecería la transparencia científica y daría soporte legal a las áreas marinas protegidas fuera de las jurisdicciones nacionales.
Galicia y la fachada atlántica: mucho que ganar
Para regiones como Galicia, volcada históricamente en la pesca y la investigación marina, la entrada en vigor del tratado supondría nuevas oportunidades —y también responsabilidades— en la gobernanza internacional del océano. Desde los institutos de investigación hasta el sector pesquero, se abriría una etapa en la que participar activamente será clave para no quedarse al margen de las decisiones que marcarán el futuro del mar.
Una llamada que no puede ignorarse
España ha soltado amarras con rumbo claro: blindar la biodiversidad marina global. Ahora queda ver cuántos países se suman a esta travesía. Porque proteger la alta mar ya no es una opción, sino una necesidad urgente.