- El punto de vertido E/8, frente a Sálvora, dispersó sedimentos contaminantes que entraron en la ría de Arousa afectando a bancos marisqueros y biodiversidad.
Un vertido arrastrado por la marea: 1,6 millones de metros cúbicos en juego
El punto de vertido E/8, situado frente a la isla de Sálvora en plena boca sur de la ría de Arousa, fue durante años un sumidero legal para los materiales procedentes de dragados portuarios. Hoy, ese lugar vuelve al foco informativo: estudios recientes confirman que casi la mitad de los sedimentos depositados en ese fondo marino se dispersaron hacia el interior de la ría, siguiendo la corriente predominante suroeste-noreste. La consecuencia directa: más de 1,6 millones de metros cúbicos de fango con potencial contaminante habrían alcanzado zonas de alto valor ecológico y productivo.
Origen de un punto polémico: sin protección ni transparencia
La historia del E/8 arranca en 1998, cuando el Ministerio de Fomento habilita este punto de vertido entre Ons y Sálvora, sin exposición pública del expediente ni informes ambientales de libre acceso. En aquel momento, ninguna de las islas que hoy conforman el Parque Nacional das Illas Atlánticas estaba protegida, ni existía la designación ZEPA del espacio marino de las Rías Baixas. El procedimiento se ejecutó al amparo de una legislación menos exigente y sin participación de sectores productivos ni comunidades científicas.
El área se encuentra dentro de la actual Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA ES0000499), una figura que agrava la controversia: se sigue vertiendo cerca de un entorno que hoy debería ser de especial conservación, lo que contradice las recomendaciones ambientales actuales.

Más de la mitad se fue: los datos que cambian el relato
Los datos del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX) y del Instituto Español de Oceanografía son claros: de los 3,8 millones de metros cúbicos vertidos hasta 2025, solo el 53,2% permanece en el fondo. El resto —alrededor de 1,67 millones de metros cúbicos— se habría dispersado, en su mayoría hacia el interior de la ría de Arousa.
Además, el cambio en la granulometría observada en los últimos informes de Portos de Galicia y la consultora Aquatica revela una evolución preocupante: las arenas finas han desaparecido en gran parte, sustituidas por sedimentos más gruesos, lo que sugiere que los materiales más contaminantes y móviles fueron arrastrados por las corrientes.
Las corrientes no engañan: el camino del fango
Los estudios batimétricos y las mediciones en profundidad señalan una constante: la morfología del depósito en el punto E/8 alarga su eje en la dirección SW-NE, lo que coincide con el sentido de las corrientes mareales y los afloramientos que empujan las aguas frías hacia el corazón de la ría. A pesar de que algunos modelos matemáticos anteriores preveían un patrón distinto (SE-NW), los datos reales desmienten esas estimaciones.
En informes como el del dragado del puerto de O Grove en 2021 o en los PVA elaborados por Meteogalicia a partir de la boya de Ribeira, la tendencia es clara: el fondo marino a 26 metros de profundidad presenta un flujo dominante hacia el noreste, justo en dirección al banco de marisqueo más productivo de Galicia.
Fangos contaminados: el riesgo más persistente
La clave ambiental del problema está en la composición del material vertido. Los fangos —sedimentos finos, ligeros y ricos en contaminantes— representan más del 70% del total arrastrado a la ría desde E/8. Estos lodos tienden a fijar metales pesados, hidrocarburos y restos orgánicos en descomposición, lo que los convierte en una amenaza silenciosa pero persistente para la biodiversidad marina y la actividad económica local.
Se estima que el 72,6% de todos los fangos procedentes de dragados portuarios —tanto de puertos de interés general como de competencia autonómica— ha acabado, de una forma u otra, dentro del sistema ecológico de la ría de Arousa.
Sin participación pública ni aviso previo
La Plataforma en Defensa da Ría de Arousa denuncia que, a pesar de la gravedad del caso, ni el Ministerio para la Transición Ecológica ni otros organismos implicados notificaron la reactivación o suspensión del uso del E/8. En 2019, tras una reunión con la Subdelegación del Gobierno en Pontevedra y con el apoyo de cofradías y productores de mejillón, se paralizó su uso. Pero nunca se reconoció oficialmente a las organizaciones locales como parte interesada, lo que vulnera el derecho a la participación ambiental reconocido por el Convenio de Aarhus y la legislación española.
¿Y ahora qué?
La evidencia acumulada sobre la dispersión de los materiales vertidos en E/8 plantea un escenario preocupante para el futuro de la ría. Mientras la Xunta de Galicia y el Gobierno central mantienen competencias compartidas en materia de medio ambiente, puertos y gestión del litoral, el vacío de responsabilidad es evidente. Ni se han retirado los permisos, ni se ha restaurado la zona, ni se ha ofrecido una alternativa clara que garantice la protección ambiental sin comprometer la operatividad de los puertos.
En plena crisis ecológica global, la ría de Arousa —motor productivo y ecosistema sensible— sigue siendo víctima de decisiones tomadas a espaldas del mar.