- La presión de las cofradías pontevedresas logra un cambio en la Federación Galega y exige a Mar soluciones urgentes para el sector pesquero gallego.
La fractura que forzó el cambio en las cofradías gallegas
La Federación Galega de Confrarías ha tenido que reaccionar con rapidez y contundencia tras el desafío abierto de su homóloga en Pontevedra, que amenazó con abandonar el ente autonómico ante la “pasividade e inmobilismo continuados”. El movimiento de las cofradías pontevedresas, lideradas por José Manuel Rosas, ha sido el catalizador de un giro en la hoja de ruta de la federación gallega, que ahora admite la necesidad de repensar su funcionamiento y su interlocución con la Consellería do Mar.
La tensión, lejos de ser una anécdota interna, pone en evidencia un modelo agotado, con estructuras representativas que no están respondiendo al ritmo ni a la gravedad de los retos actuales del sector pesquero y marisquero gallego.
Un malestar sostenido y un ultimátum claro
Durante meses, las cofradías pontevedresas trasladaron propuestas, peticiones y avisos sobre la necesidad de actualizar normativas clave y desbloquear problemas de gestión que afectan directamente al día a día del sector. Nada se movía. Por eso, decidieron alzar la voz de forma pública y advertir: si no hay cambios reales, dejarán de participar activamente en la federación gallega y ejercerán su representación de forma independiente.
El comunicado de la federación pontevedresa fue demoledor: denuncian una deriva “en círculo” y un “grao de insatisfacción moi alto” entre los pósitos. La acusación principal es que la estructura autonómica no se involucra de forma efectiva en los grandes desafíos del sector.
Respuesta: giro escenificado y mensaje de unidad
La reacción fue rápida. En una reunión urgente de más de dos horas, los presidentes de las federaciones de A Coruña, Lugo, Pontevedra y la autonómica firmaron un comunicado conjunto en el que aseguran que “a federación sae fortalecida” de la crisis. Pero, más allá de las palabras, el gesto importante ha sido otro: reconocer la necesidad de un “cambio de rumbo e dinámica de traballo”.
El presidente de la Federación Galega, José Antonio Pérez Sieira, que días antes se mostró “sorprendido” por las críticas, ha terminado asumiendo la urgencia de reformular la estrategia. La presión, esta vez, ha funcionado.

(José Manuel Rozas -2º izquierda y José Antonio Perez -3º derecha- con el Conselleiro do Mar y otros asistentes al XX Aniversario de la Federación Galega de Cofradías)
Normativas pendientes y sanciones que se acumulan
La fractura no es solo política: tiene consecuencias prácticas. Las cofradías de Pontevedra exigen a la Consellería do Mar que resuelva de inmediato la aplicación de normativas clave para el sector. Entre ellas, la regulación sobre la venta de excedentes de marisqueo en lonja, la modificación del decreto de artes y aparejos en aguas gallegas, o la norma que permitiría el traslado de especies a viveros.
La ausencia de esta última ha provocado ya “numerosos expedientes sancionadores”, lo que supone un impacto directo sobre los trabajadores del mar, que operan en un limbo legal por la falta de actualización normativa.
Villares, convocado: se exige una respuesta política
Las cuatro federaciones han dado un paso conjunto más: emplazar al conselleiro Alfonso Villares a una reunión urgente con todo el comité ejecutivo autonómico. El objetivo: poner sobre la mesa los problemas que arrastra el sector y fijar plazos concretos para su solución.
La interlocución entre cofradías y administración es clave, pero solo será útil si va acompañada de hechos. El sector no necesita más comunicados, sino cambios tangibles que mejoren la operativa, reduzcan la carga burocrática y frenen la inseguridad jurídica que hoy sufren mariscadores y pescadores.
Riesgos y oportunidades: un sector que no puede esperar
La amenaza de ruptura ha sido desactivada —al menos por ahora—, pero deja una advertencia clara: si no se traduce en reformas reales, volverá. La unidad de las cofradías es una herramienta poderosa para negociar y defender los intereses del mar gallego, pero solo si funciona con agilidad, transparencia y compromiso.
El sector atraviesa un momento especialmente delicado: presión normativa, envejecimiento del personal, incertidumbre ambiental, inflación de costes y escasa renovación generacional. En este contexto, cualquier desconexión entre las bases y sus órganos representativos puede resultar letal.
La crisis ha obligado a mover ficha. Ahora la pregunta es si el cambio será profundo o simplemente cosmético. Las cofradías han hablado. El mar, como siempre, espera respuestas.