El pecio del “Nuevo Santa Irene” preocupa en O Grove

  • El barco hundido en Meloxo tras chocar con una batea sigue en el fondo del mar con combustible a bordo y genera inquietud entre los acuicultores.
  • El hundimiento del “Nuevo Santa Irene” en O Grove deja un pecio bajo una batea y dudas sobre contaminación, seguridad y responsabilidades.

Un pecio reciente que inquieta en la ría

Apenas han pasado unas semanas desde el hundimiento del “Nuevo Santa Irene” frente a la costa de Meloxo, en O Grove, y el barco sigue descansando en el fondo del mar. Lo hace a unos 25 o 30 metros de profundidad, muy cerca de una batea y en una zona donde la actividad acuícola es constante.

El caso no solo está bajo investigación por su posible vinculación con el abastecimiento de un narcosubmarino. También preocupa al sector del mejillón por otro motivo: el pecio se ha convertido en un posible foco de contaminación y en un riesgo para las estructuras de cultivo.

Mientras las autoridades analizan lo ocurrido, los productores de la zona miran al fondo de la ría con incertidumbre.

Un choque con una batea antes del hundimiento

El siniestro ocurrió cuando el barco auxiliar de acuicultura impactó contra una batea antes de acabar en el fondo del mar. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para provocar daños en la estructura del vivero flotante.

Una de las vigas del emparrillado —conocida en el sector como “látigo”— resultó dañada en el impacto.

Según explican profesionales que trabajan en la zona, el barco quedó en el lecho marino prácticamente apoyado como si estuviera varado, aunque perdió el puente tras la colisión inicial.

Las labores de inspección no están siendo sencillas. Los buzos se enfrentan a condiciones complicadas bajo el agua.

La visibilidad, según relatan desde el propio sector, desaparece prácticamente a partir de los cinco metros debido al estado del mar.

Combustible en el mar y dudas sobre el impacto

Uno de los aspectos que más inquieta a los acuicultores es el combustible que transportaba la embarcación.

En el momento del hundimiento llevaba unos 12.000 litros de carburante, repartidos en bidones, que presuntamente estaban destinados a abastecer un narcosubmarino. Parte de ese combustible, junto con aceite del barco, se vertió en la ría tras el accidente.

Aunque los servicios de emergencia actuaron rápidamente, todavía es pronto para saber si habrá consecuencias para el ecosistema o para la producción de mejillón.

Los responsables de la batea afectada siguen pendientes de la evolución del cultivo.

El mejillón es especialmente sensible a cambios en la calidad del agua, por lo que cualquier episodio de contaminación genera preocupación en el sector.

El riesgo para la batea

Más allá del vertido inicial, el propio pecio supone un problema potencial.

Las bateas se mantienen fijadas al fondo mediante cadenas y muertos de hormigón. Con las corrientes y mareas, estas estructuras pueden girar o desplazarse ligeramente.

Si la cadena llegase a engancharse con el barco hundido, podría producirse una rotura que afectaría al vivero.

Esto implicaría:

  • daños estructurales
  • pérdida de producción
  • riesgos para el trabajo diario

Los propietarios de la instalación ya han presentado las reclamaciones correspondientes, aunque todavía desconocen si recibirán compensaciones o cuándo se retirará el barco.

Un foco de preocupación para toda la zona

El problema no afecta únicamente a una batea. En la zona trabajan varios acuicultores que observan la situación con inquietud.

Para muchos, la presencia del barco en el fondo sigue representando un riesgo ambiental.

La ría de Arousa es uno de los grandes motores del mar gallego. En ella se concentran cientos de bateas y una parte esencial de la producción mundial de mejillón.

Cualquier incidente que afecte a la calidad del agua o a la estabilidad de las instalaciones genera alarma en un sector que depende directamente del estado del medio marino.

La actuación de Gardacostas

Tras el hundimiento, los equipos de Gardacostas de Galicia trabajaron en la zona para retirar restos de combustible que habían aparecido tanto en el entorno del pecio como en el muelle de Porto Meloxo.

Días después, las autoridades indicaron que no se detectaban nuevos afloramientos, por lo que la alerta por contaminación se dio por finalizada.

Sin embargo, el barco continúa en el fondo.

Y mientras siga allí, la inquietud no desaparece del todo entre quienes trabajan en la ría.

Un barco con certificados caducados

La investigación también ha revelado datos llamativos sobre la situación administrativa de la embarcación.

El “Nuevo Santa Irene” había sido vendido años atrás y trasladado al puerto de Rianxo. Además, tenía los certificados caducados desde 2024, lo que significa que no contaba con despacho en vigor.

Este detalle añade más incógnitas al caso y forma parte de las diligencias que sigue la Guardia Civil.

Entre las hipótesis abiertas está su posible uso logístico para actividades vinculadas al narcotráfico marítimo, aunque la investigación continúa.

Galicia y el desafío de proteger la ría

El incidente vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de los ecosistemas productivos del litoral gallego.

Las rías son al mismo tiempo:

  • espacio natural
  • zona de trabajo
  • motor económico

En lugares como O Grove, la pesca, el marisqueo y la acuicultura conviven con rutas marítimas, turismo y otras actividades.

Cuando ocurre un accidente, el impacto puede multiplicarse.

Un pecio que el sector quiere ver fuera del agua

Hoy, el “Nuevo Santa Irene” sigue reposando bajo el agua, muy cerca de donde se produjo el choque.

Para los profesionales del mar, la prioridad es clara: retirar el barco cuanto antes y garantizar que no haya consecuencias para la producción ni para el medio marino.

Porque en la ría, cada marea cuenta.

Y cualquier incertidumbre bajo el agua termina reflejándose en la superficie.