El nuevo narcosubmarino confirma la ruta del Atlántico

  • El semisumergible interceptado en el Atlántico partió de Venezuela rumbo a Europa, reforzando la conexión narco entre Sudamérica y las costas ibéricas.

Una travesía de 1.700 kilos desde Venezuela

El reciente decomiso de un narcosubmarino en el Atlántico, abordado por las autoridades portuguesas, vuelve a poner el foco en una vieja pero eficaz vía del narcotráfico: la ruta atlántica de la cocaína.

La embarcación, un semisumergible artesanal cargado con 1.700 kilos de droga, había zarpado desde Venezuela, país que en los últimos años se ha consolidado como centro de fabricación y salida de este tipo de ingenios.

A bordo viajaban cuatro tripulantes —de nacionalidades venezolana, ecuatoriana y colombiana— ahora detenidos en la isla de São Miguel, en las Azores. Sin embargo, el destino final del cargamento sigue siendo una incógnita: las primeras hipótesis apuntan a una recogida en aguas abiertas por ciudadanos españoles, aunque no necesariamente desde puertos peninsulares.

España y Portugal, nodos clave del tráfico marítimo

Fuentes de la investigación consultadas por medios lusos y españoles sitúan a Galicia, Andalucía y la costa portuguesa como destinos recurrentes en este tipo de operaciones.

En la última década, las rías gallegas han sido escenario de varias descargas vinculadas a narcosubmarinos, por su geografía compleja, sus condiciones meteorológicas favorables y la presencia histórica de redes locales con experiencia en operaciones marítimas.

El semisumergible, finalmente hundido en el Atlántico, refuerza una tendencia que preocupa tanto a los cuerpos de seguridad como al sector pesquero: la creciente frecuencia de estos artefactos en aguas del Atlántico Norte.

La nueva generación de narcosubmarinos

Lejos de ser tecnología sofisticada, los narcosubmarinos combinan artesanía y eficacia. Construidos con fibra, motores diésel y sistemas de ventilación caseros, son difíciles de detectar por radar y capaces de cruzar miles de millas náuticas sin ser localizados.

“Son invisibles para la mayoría de sistemas de vigilancia marítima”, admiten fuentes policiales, que reconocen la limitación tecnológica para rastrear estos dispositivos.

El pasado marzo, otro semisumergible fue interceptado por Portugal cerca de las Azores. Y en septiembre, una operación en las Rías Baixas culminó con el hallazgo de 3,6 toneladas de cocaína descargadas desde un pesquero de O Freixo (Outes) hacia una planeadora en A Pobra do Caramiñal.

Un fenómeno que afecta también al mar gallego

Aunque los narcosubmarinos son, ante todo, un asunto policial, su impacto trasciende lo criminal. La creciente presencia de estas embarcaciones en aguas atlánticas supone un riesgo para la seguridad marítima, especialmente en zonas de intensa actividad pesquera o de tránsito hacia los puertos gallegos.

El mar gallego —donde faenan cientos de pesqueros artesanales— se ha convertido, sin pretenderlo, en territorio de paso de estas operaciones transoceánicas.

Las autoridades marítimas y pesqueras demandan mayor cooperación internacional y una vigilancia oceánica adaptada a los nuevos métodos del narcotráfico, más discretos y tecnológicamente imprevisibles.

Un océano bajo vigilancia

Mientras los investigadores analizan los restos del semisumergible hundido, la principal pregunta sigue abierta: ¿quién debía recibir la mercancía?

El Atlántico continúa siendo un escenario estratégico del narcotráfico mundial, donde las fronteras son líquidas y el ingenio criminal navega con rumbo fijo hacia Europa.

Y Galicia, una vez más, aparece en el mapa —no por sus marineros o sus bancos pesqueros, sino por un tráfico que convierte el océano en una frontera difusa entre la legalidad y la sombra.