- Las lluvias persistentes y la bajada de salinidad mantienen en alerta al marisqueo gallego, con especial preocupación en Noia y la ría de Arousa.
- El sector marisquero gallego vigila el impacto de los temporales y la baja salinidad. Noia cuantifica pérdidas y Arousa teme daños tras el aumento del caudal del Ulla.
El marisqueo gallego vuelve a mirar al cielo… y a los ríos. La sucesión de borrascas que azota Galicia mantiene en vilo a mariscadoras y mariscadores, que temen encontrar los bancos cubiertos de bivalvo muerto cuando puedan retomar la actividad. La experiencia pesa, y mucho: lluvias persistentes, aportes masivos de agua dulce y descensos bruscos de salinidad forman una combinación ya conocida en el litoral.
La preocupación se extiende desde la ría de Muros-Noia hasta Arousa, donde el papel del río Ulla vuelve a situarse en el centro del debate sectorial.
Noia pone cifras a la alarma
En Noia, la situación ya ha pasado del temor a los datos. Las primeras evaluaciones realizadas por la cofradía local elevan la mortandad del bivalvo en la zona intermareal hasta entre un 60 y un 70 %, especialmente en las áreas donde trabajan las mariscadoras a pie durante la marea muerta.
Las inspecciones, realizadas a bordo de dos lanchas, revelaron que el impacto es mucho menor en las zonas de trabajo a flote, donde las pérdidas oscilan entre el 15 y el 20 %. Además, alrededor del 75 % de los bancos marisqueiros presentan una afectación limitada, concentrándose los daños más graves en aproximadamente una cuarta parte de las concesiones.
Por especies, la afección no es homogénea: la almeja japonesa y la babosa muestran una resistencia mayor, con pérdidas provisionales en torno al 15 %, muy por debajo de otros episodios recientes.
El Tambre y la gestión del agua dulce
El sector de la Ría de Muros-Noia vuelve a señalar a la gestión del agua dulce como un factor determinante. Los patrones mayores de las cofradías reclaman a la Xunta un protocolo estable de vaciado del embalse del Tambre, que tenga en cuenta el ciclo de mareas para favorecer la mezcla de aguas.
Según los representantes del sector, una liberación coordinada con la pleamar podría haber reducido notablemente la mortandad registrada. Detrás de esta demanda, recuerdan, hay más de un millar de familias que dependen directamente del marisqueo y que sienten que el impacto podría haberse mitigado con una mejor planificación.
Arousa y el Ulla: el eje estructural del problema
Si Noia es hoy el aviso más visible, la Ría de Arousa es el gran termómetro del impacto global. La principal ría marisquera de Galicia sigue con atención la evolución del caudal del Río Ulla, uno de los aportes de agua dulce más determinantes para el equilibrio de salinidad de sus bancos.
Por el momento, no se han cuantificado mortandades tan elevadas como en Muros-Noia, pero las cofradías arousanas reconocen que la preocupación es máxima, especialmente en las zonas más próximas a la desembocadura y en los bancos intermareales más expuestos durante mareas vivas.
La experiencia pesa: Arousa ya ha sufrido en el pasado episodios de lluvias prolongadas que, semanas después, se tradujeron en debilitamiento del bivalvo, retrasos en las campañas y pérdidas económicas a medio plazo, incluso sin mortandades inmediatas.

El riesgo que no siempre se ve
El sector advierte de que el problema no es solo la muerte directa del marisco. La baja salinidad prolongada debilita al bivalvo, reduce su crecimiento y lo deja más expuesto a enfermedades y a futuros episodios adversos. Un daño silencioso que puede condicionar toda la campaña, incluso cuando el mar vuelve a la normalidad.
La posición de la Consellería do Mar
Desde la Xunta, la conselleira do Mar, Marta Villaverde, ha subrayado que la situación actual no es comparable a la crisis del otoño de 2023, cuando se registraron mortandades masivas de berberecho y almeja en varias rías.
Villaverde insiste en que el volumen de agua dulce que está entrando ahora no alcanza aquellos niveles, aunque reconoce que se mantiene una vigilancia constante de parámetros clave como la salinidad, la temperatura o el pH, mediante las boyas de medición repartidas por el litoral.
La responsable autonómica destaca además el diálogo permanente con las cofradías y el seguimiento técnico continuo de los bancos, y avanza que, una vez finalice la cadena de borrascas, se realizará una evaluación más completa para consensuar posibles medidas con el sector.
Un febrero decisivo para el marisqueo
Las próximas semanas serán clave. Si las lluvias continúan, el berberecho que ya está al límite podría sufrir nuevas pérdidas. En Noia, la previsión inicial era retomar la actividad a comienzos de marzo, pero todo dependerá de cómo evolucionen los temporales y de los resultados de las evaluaciones técnicas.
Mientras tanto, el marisqueo gallego vuelve a enfrentarse a una realidad cada vez más frecuente: temporales más largos, ríos con mayores caudales y una necesidad creciente de protocolos claros y coordinados que permitan compatibilizar la seguridad de las infraestructuras hidráulicas con la supervivencia de un sector esencial para la economía y la identidad del litoral.