El marisco foráneo ahoga los precios del gallego

  • Marisco importado de Canadá, Portugal o Marruecos hunde los precios del gallego en lonja. Vilanova y Rianxo devuelven al mar parte de sus capturas.

El marisco gallego, víctima de su propio prestigio

Galicia presume —con razón— de tener el mejor marisco del mundo. Pero esa fama, labrada a base de esfuerzo y calidad, se ha convertido también en su talón de Aquiles.

La entrada masiva de marisco extranjero, procedente de Canadá, Portugal, Italia o Marruecos, está alterando el equilibrio del mercado y provocando una caída en los precios que deja sin oxígeno a las mariscadoras gallegas.

En las lonjas de Vilanova de Arousa y Rianxo, la situación ha llegado al límite: las cofradías han optado por retirar lotes de almeja cuando las pujas caen por debajo de los precios mínimos establecidos y devolverlos al mar, antes que malvenderlos.

Cuando el marisco vuelve al mar

En Vilanova, los lotes de almeja japónica y almeja fina fueron retirados durante las últimas mareas al caer por debajo de los precios mínimos —9 y 30 euros por kilo, respectivamente— fijados en asamblea a finales del año pasado.

«Preferimos perder un día de trabajo antes que tirar los precios», explica Óscar Fernández, presidente de la agrupación de a pie de Vilanova, que confirma además la suspensión de dos jornadas de actividad ante la falta de perspectivas de mejora.

En Rianxo, la japónica deja de subastarse cuando baja de 8 euros. Y ya ha ocurrido. Su patrón mayor, Miguel Ángel Iglesias, reconoce que la situación es insólita: «Hay gente que está vendiendo marisco foráneo como si fuese de aquí. Y eso nos está matando».

Competencia extranjera y etiquetas dudosas

El problema, según coinciden ambos dirigentes, no es solo económico sino también ético.

La entrada de producto foráneo, en muchos casos re-etiquetado o vendido como “gallego”, distorsiona el mercado y mina la confianza del consumidor.

«El consumidor está dispuesto a pagar más por la calidad gallega, pero si el etiquetado es ambiguo, se está engañando a quien compra y castigando a quien produce», lamenta Iglesias, que reclama a la Consellería do Mar y al Ministerio de Agricultura y Pesca un mayor control sobre la trazabilidad.

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Desde el sector se asume que la importación es necesaria para abastecer la demanda durante la crisis productiva que atraviesan los bancos marisqueros gallegos. Pero piden que las condiciones sanitarias y de control sean idénticas para todos los orígenes y que se erradique cualquier práctica de confusión comercial.

Crisis en los bancos marisqueros y pérdida de poder adquisitivo

Las mariscadoras gallegas llevan años arrastrando un declive productivo que se traduce en menores capturas y más costes.

Por eso, a finales de 2024, la mayoría de cofradías acordaron actualizar los precios mínimos para garantizar un ingreso digno frente al encarecimiento generalizado de la vida.

Pero la avalancha de marisco importado ha frustrado ese objetivo: los precios en lonja se han desplomado y la japónica, en lugares como Vilaxoán, ha perdido hasta 50 céntimos por kilo respecto al año pasado, según datos de Pesca de Galicia.

El resultado es un cóctel explosivo: menos capturas, precios más bajos y costes en aumento. Un escenario que amenaza la viabilidad de uno de los pilares económicos y sociales del litoral gallego.

Una tormenta perfecta para el marisqueo gallego

El sector vive atrapado entre dos frentes: la competencia exterior y la crisis ecológica interna.

El descenso de la producción en las rías —por contaminación, pérdida de hábitats o falta de regeneración de los bancos— obliga a las empresas a importar para cumplir contratos, mientras las mariscadoras ven cómo su esfuerzo no se traduce en ingresos.

En este contexto, decisiones como las de Vilanova y Rianxo no son solo un gesto de dignidad, sino una llamada de auxilio. «Si seguimos vendiendo por debajo de costes, el marisqueo dejará de ser viable», advierten desde el sector.

Preservar la marca “marisco gallego”

El “marisco gallego” no es solo una etiqueta comercial: es una marca cultural, económica y socialque da identidad a toda una costa.

Permitir que se diluya entre importaciones sin control ni trazabilidad sería un error estratégico y una pérdida irreparable.

El consumidor tiene derecho a saber qué compra, y las mariscadoras, a vivir dignamente de su trabajo.

Porque si el marisco gallego acaba devolviéndose al mar, algo está fallando mucho antes de llegar a la lonja.