- La OMI aprueba el primer marco global para descarbonizar el transporte marítimo, con nuevas normas sobre combustibles y precios de CO₂ desde 2027.
Primer paso global para un transporte marítimo sin emisiones
La Organización Marítima Internacional (OMI) ha marcado un nuevo rumbo para la industria naval: lograr cero emisiones netas en 2050. Lo hace con la aprobación de un ambicioso marco regulatorio vinculante que afectará a todos los grandes buques transoceánicos del planeta.
El acuerdo, sellado en Londres durante la 83ª sesión del Comité de Protección del Medio Marino (MEPC), convierte al transporte marítimo en el primer sector industrial global con una hoja de ruta formal y obligatoria hacia la descarbonización. Un hito que tendrá implicaciones directas sobre el comercio, la tecnología naval y la economía marítima mundial.
¿Qué cambia con esta nueva normativa?
A partir de 2027, todos los buques de más de 5.000 toneladas (responsables del 85 % de las emisiones del transporte marítimo internacional) estarán sujetos a una batería de medidas obligatorias. Entre las más destacadas:
- Límites de intensidad de gases de efecto invernadero (GEI) según el combustible usado.
- Evaluación climática de la energía empleada por cada buque.
- Un sistema global de tarificación del CO₂, que se aplicará desde 2028 con un precio inicial de 100 $/tonelada.
Este sistema prevé recaudar hasta 13.000 millones de dólares anuales, que se destinarán a la innovación verde y a apoyar a los países más vulnerables, incluidos los Estados insulares en primera línea del cambio climático.

El impacto para el sector del mar en Galicia
En Galicia, donde el tráfico marítimo internacional —especialmente en los puertos de Vigo, A Coruña, Ferrol o Marín— es clave para las exportaciones pesqueras, conserveras y logísticas, este acuerdo abre un horizonte de retos y oportunidades.
Por un lado, la exigencia de nuevos estándares puede acelerar la renovación de flotas o encarecer los costes operativos a corto plazo, afectando especialmente a navieras pequeñas o empresas auxiliares. Por otro, se abre un nicho para astilleros gallegos y centros tecnológicos que ya trabajan en soluciones como:
- Buques propulsados por metanol verde o amoníaco.
- Sistemas híbridos o eléctricos de apoyo al motor principal.
- Tecnologías de captura y almacenamiento de carbono a bordo.
Reacciones: entre el entusiasmo y la crítica
Mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebró el acuerdo como un paso histórico hacia un “transporte marítimo climáticamente neutro”, organizaciones como OceanCare lo consideran insuficiente, señalando que el pacto no garantiza aún el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París.
Pese a todo, reconocen el valor simbólico y normativo del paso dado: por primera vez, la industria naval no solo se compromete, sino que se obliga jurídicamente a transformarse.
¿Y ahora qué?
Las medidas adoptadas se formalizarán en octubre de 2025 y entrarán en vigor en 2027. Hasta entonces, cada Estado miembro deberá preparar su legislación nacional, planes de adaptación del sector y políticas de apoyo para acelerar la transición.
Para Galicia y el conjunto del Estado español, este calendario supone una cuenta atrás para modernizar su infraestructura portuaria, adaptar la flota y asegurar su competitividad internacional en un mercado donde la huella de carbono será tan importante como la capacidad de carga.
Transición
El mar, históricamente visto como el camino más eficiente para mover mercancías, empieza a navegar también hacia la sostenibilidad. La neutralidad climática ya no es un concepto lejano, sino un mandato que exigirá transformación, inversión e innovación. Y quien no se adapte, quedará atrás.
La transición ha comenzado. La ruta está trazada. El viento sopla a favor… pero los plazos son cortos.