- Bioluminiscencia poco común en Sada y Bergondo: el mar de ardora reaparece con la microalga Lingulodinium polyedra, habitual en zonas como Carnota.
Un destello inesperado en la costa coruñesa
Las noches del pasado fin de semana regalaron a quienes paseaban por las playas de San Pedro (Sada) y Gandarío (Bergondo) un espectáculo marino hipnótico: el mar de ardora iluminando la rompiente con destellos azulados. Aunque este fenómeno ya es bien conocido en las costas gallegas, esta vez llegó con una particularidad poco habitual: no fue la conocida Noctiluca scintillans la causante del brillo, sino la microalga Lingulodinium polyedra.
El cambio de especie no implica ni mayor ni menor intensidad del fenómeno, pero sí revela un dato significativo: el ecosistema marino está activo y en equilibrio. Así lo explicó el investigador Francisco José Rodríguez Hernández, del Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo, quien confirmó la presencia del inusual dinoflagelado tras tomar muestras en la zona.
Cuando el mar respira luz
El fenómeno de bioluminiscencia no es exclusivo de estas algas. Está presente también en bacterias, peces e incluso cefalópodos. Pero en Galicia, las responsables más frecuentes son las noctilucas. En este caso, el protagonismo fue para Lingulodinium polyedra, cuya proliferación responde a condiciones ambientales favorables: aguas más cálidas, días más largos y un plancton marino en expansión.
Cuando el oleaje agita a estos microorganismos, se activa una reacción química en la que intervienen oxígeno, la enzima luciferasa y una molécula llamada luciferina, generando un resplandor azul verdoso que puede observarse a simple vista. La intensidad de esa luz, sin embargo, depende de la densidad de microalgas y la sensibilidad de la vista humana. “Algunas personas lo perciben como neblina gris; las cámaras, mucho más sensibles, captan un azul eléctrico”, explica Rodríguez.
Carnota, el escenario habitual del verano gallego
Aunque ver el mar de ardora es cuestión de suerte, hay lugares en Galicia donde su presencia se repite casi cada verano. Uno de ellos es la playa de Carnota, en la Costa da Morte. Su longitud, escasa contaminación lumínica y orientación abierta al océano la convierten en un lugar privilegiado para observar este fenómeno.
Cada año, cientos de personas acuden a este arenal atraídas por las imágenes que circulan en redes sociales, donde la arena se tiñe de azul bajo las pisadas nocturnas. Lo vivido estos días en Sada y Bergondo recuerda que no es necesario ir tan lejos para disfrutar de este espectáculo natural… pero también que hay que saber esperar, observar y dejar que el mar decida cuándo encender su luz.
Un fenómeno ligado al calendario… y a la paciencia
Aunque las primeras floraciones aparecen en primavera, el mar de ardora suele ser más visible entre junio y septiembre, incluso llegando a octubre. Las diferencias entre Rías Altas y Baixas también influyen: las condiciones térmicas y la presencia de corrientes determinan en gran medida el comportamiento de estas poblaciones.
Ver la ardora no es cuestión de llegar y mirar: hay que saber esperar. Las playas sin iluminación artificial ofrecen mejores oportunidades de observación. Pero ni siquiera eso garantiza el espectáculo. “Puedes ver manchas rojizas en el agua durante el día, y sin embargo al llegar la noche, las corrientes ya las han desplazado”, advierte el investigador.
Implicaciones para el medio marino y el sector
Aunque es un fenómeno natural, la aparición de ardora puede interpretarse como un buen indicador biológico de la salud del ecosistema. El crecimiento del fitoplancton, cuando es equilibrado, forma parte de la dinámica marina estacional y puede tener efectos positivos en la cadena trófica, incluidos los bancos marisqueros cercanos.
Por eso, más allá del valor visual y turístico, estos episodios despiertan el interés de científicos y mariscadores. A largo plazo, su estudio permite entender mejor los ciclos de las microalgas, prevenir posibles episodios nocivos y proteger recursos pesqueros sensibles.