El Itoitz sigue a la deriva: los deberes no se están haciendo

  • Dado por hundido, localizado en el Cantábrico y ahora empujado por corrientes y vientos hacia la vertical de Luarca y la costa francesa, el caso del Itoitz destapa algo más grave que un temporal: la inacción.
  • El pesquero Itoitz, abandonado por temporal, sigue a la deriva rumbo a Francia. La falta de remolque agrava el riesgo ambiental y económico.
  • El Itoitz continúa a la deriva en el Cantábrico. Sin remolque ni solución, crece el riesgo de hundimiento y contaminación marina.

El Itoitz no se hundió cuando muchos ya lo daban por perdido. Fue localizado, vigilado y seguido. Pero los días pasan y la pregunta empieza a ser incómoda: ¿se están haciendo realmente los deberes?

Hoy el pesquero continúa a la deriva. Las corrientes y los vientos dominantes del Cantábrico lo empujan hacia la vertical de Luarca y, si nada cambia, rumbo a la costa francesa. El temporal explica mucho, pero no lo explica todo.

Abandono por seguridad, deriva por inacción

Conviene recordar los hechos con rigor. Ante un posible hundimiento provocado por un gran temporal, la tripulación del Itoitz abandonó el barco. Fue una decisión acertada: primero, siempre, las personas.

Pero una cosa es evacuar a la tripulación y otra muy distinta dejar que una herramienta de trabajo quede a merced del mar sin un plan efectivo de remolque en cuanto se abre una mínima ventana operativa.

Aquí es donde empiezan las dudas razonables.

El temporal no lo justifica todo

Es evidente que el mar manda. Nadie sensato reclama una intervención suicida con olas de nueve metros. Pero el Cantábrico no es un escenario desconocido, ni el comportamiento de sus corrientes un misterio para el sector.

Las corrientes y vientos dominantes empujan hacia el este. Eso significa una cosa muy clara: si no se actúa, el barco se irá. Y se irá entero… o al fondo.

Riesgo ambiental: el gran olvidado

Dejar que el Itoitz acabe hundiéndose no es una anécdota técnica. Es un problema ambiental serio.

Un pesquero no es solo acero:

• Artes de pesca que pueden quedar enganchadas y seguir pescando de forma fantasma.

• Aceites, combustibles y residuos a bordo.

• Un foco potencial de contaminación en una de las zonas más sensibles del litoral.

Evitar que un barco se convierta en un residuo marino debería ser tan prioritario como el seguimiento visual desde la distancia.

Profesionales con título… y con experiencia

Cada profesión, cada entidad y cada circunstancia exige algo más que un cargo o un título. Exige experiencia. Haber vivido el mar. Haberlo sufrido. Saber cuándo esperar y cuándo actuar.

En este caso, da la sensación de que pesa más el “ordeno y mando” que el criterio profesional curtido en temporales reales. Y el mar no perdona la falta de sensatez ni el exceso de despacho.

Como se dice en los puertos, para saber ayudar hay que haberla mamado: vivirlo, currárselo y aplicar sentido común cuando toca decidir.

¿Lo acabarán haciendo otros?

Si el Itoitz no se hunde antes, todo apunta a que serán las autoridades francesas las que tengan que intervenir cuando el problema llegue a su costa. Entonces, sí, llegará el frío. Ese que se siente cuando lo que se dejó pasar ya no tiene solución fácil.

Y la pregunta será inevitable: ¿por qué no se actuó antes?

Galicia y el Cantábrico: saber esperar… y saber actuar

En Galicia sabemos esperar al mar. Pero también sabemos que esperar no es lo mismo que mirar para otro lado. La cultura marítima distingue bien entre prudencia y dejadez.

Este caso empieza a oler más a lo segundo que a lo primero.

Conclusión de capitanes de barco.

El Itoitz sigue a la deriva. No por desconocimiento del mar, sino por falta de decisiones valientes y profesionales en el momento adecuado. Si acaba en el fondo o en otra costa, no será solo culpa del temporal.

Será la consecuencia de no haber hecho los deberes cuando aún se podía.