- Guardacostas retira 561 cacharros ilegales con más de 267 kilos de pulpo en Galicia y reabre el debate sobre el furtivismo y la protección de los recursos marinos.
- La retirada de 561 cacharros ilegales y más de 267 kilos de pulpo antes del fin de la veda evidencia que el furtivismo sigue siendo uno de los mayores desafíos para la sostenibilidad del mar en Galicia y para miles de familias que viven de la pesca y el marisqueo.
El furtivismo del pulpo amenaza el futuro del mar gallego
A pocos días de la reapertura de la campaña del pulpo en Galicia, una nueva actuación del Servicio de Gardacostas ha vuelto a poner sobre la mesa un problema que el sector conoce demasiado bien: el furtivismo sigue siendo una de las mayores amenazas para la sostenibilidad de los recursos marinos y para la economía de miles de familias que viven legalmente del mar.
Los últimos operativos desarrollados en la costa de A Guarda, la ría de Arousa, la ría de Vigo y Corrubedo concluyeron con la retirada de 561 cacharros y alcatruces ilegales, el decomiso de más de 267 kilos de pulpo, además de decenas de nasas y más de 6.100 metros de redes prohibidas. La mayor parte de las capturas pudieron ser devueltas vivas al mar, evitando un mayor impacto sobre la población de la especie.
Más allá de la importancia del operativo, los datos vuelven a demostrar que el problema sigue muy lejos de estar controlado.
¿Qué encontraron los Gardacostas?
La actuación más importante se produjo en la costa de A Guarda, donde fueron retirados 450 cacharros ilegales que contenían alrededor de 175 kilos de pulpo.
En la ría de Arousa también se desarrolló un amplio dispositivo en distintos puntos como Defragueiras, Negreiriñas, Taragoña, As Negreiras, la Mesa de Con o Pedras Negras, donde se localizaron numerosas artes sin identificar o colocadas de forma irregular.
Las inspecciones también alcanzaron la ría de Vigo y Corrubedo, donde fueron retirados miles de metros de redes ilegales y liberadas especies como rodaballo, raya, centolla, langosta, buey y otras capturas que permanecían vivas.

Galicia, uno de los territorios europeos con mayor presión furtiva
Aunque el furtivismo existe prácticamente en todos los países con actividad pesquera, Galicia presenta una realidad especialmente compleja.
La enorme extensión de costa —casi 1.500 kilómetros entre litoral continental, rías e islas—, la extraordinaria riqueza biológica de sus aguas y el elevado valor comercial de especies como el pulpo, el percebe, la centolla, la nécora o la almeja convierten al litoral gallego en un objetivo permanente para la pesca ilegal.
A ello se suma otro factor diferencial: la intensa actividad extractiva profesional.
Miles de pescadores, mariscadores y percebeiros trabajan diariamente en el litoral gallego. Allí donde existe una gran producción también aparecen quienes intentan aprovecharse del recurso al margen de la ley.
El resultado es evidente. Son pocas las semanas en las que no trasciende alguna operación contra el furtivismo desarrollada por Gardacostas, Guardia Civil, Policía Autonómica o el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA).
Un problema que va mucho más allá del robo de pescado
Cada cacharro ilegal retirado supone mucho más que una infracción administrativa.
Cuando durante la veda se capturan pulpos reproductores o ejemplares que deberían permanecer en el mar para completar su ciclo biológico, se reduce la capacidad de recuperación del recurso.
Eso termina afectando directamente a los profesionales que sí cumplen las normas.
Menos pulpo disponible significa menores capturas legales, menor rentabilidad para la flota artesanal, menos actividad en las lonjas y menos trabajo para toda la cadena comercial, desde transportistas hasta comercializadoras, industrias transformadoras y restauración.
En definitiva, el furtivismo no perjudica únicamente al medio marino; también daña el tejido económico que depende de él.

¿Por qué resulta tan difícil acabar con el furtivismo?
Los propios profesionales del sector llevan años apuntando a varias causas.
La primera es la enorme dificultad para vigilar de forma permanente un litoral tan amplio y con miles de puntos de fondeo posibles.
La segunda es el importante beneficio económico que genera el mercado ilegal.
El pulpo alcanza cotizaciones muy elevadas, especialmente en determinadas épocas del año, lo que convierte la actividad furtiva en un negocio muy rentable para quienes asumen el riesgo de incumplir la normativa.
A ello se suma la dificultad para identificar muchas artes abandonadas o fondeadas sin señalización, lo que impide localizar posteriormente a sus propietarios.
¿Qué soluciones reclama el sector?
Las organizaciones profesionales llevan años defendiendo que la solución pasa por actuar desde varios frentes de forma simultánea.
Entre las medidas que con mayor frecuencia reclaman destacan:
- Incrementar la vigilancia marítima y terrestre, especialmente durante las vedas.
- Incorporar más medios tecnológicos, como drones, cámaras térmicas y sistemas de vigilancia inteligente.
- Reforzar la coordinación entre Gardacostas, Guardia Civil y Policía Autonómica.
- Endurecer las sanciones para los reincidentes y perseguir también la comercialización del producto ilegal.
- Intensificar las inspecciones en puntos de venta y canales de distribución para cortar la salida comercial de las capturas furtivas.
- Promover campañas de concienciación dirigidas tanto a consumidores como a establecimientos hosteleros para evitar la compra de producto sin trazabilidad.
Diversos representantes del sector coinciden en que mientras exista demanda de pescado y marisco obtenido ilegalmente seguirá existiendo quien trate de abastecer ese mercado.
Proteger el mar es proteger miles de empleos
La operación desarrollada estos días ha permitido devolver al mar cientos de kilos de pulpo y retirar cientos de artes ilegales antes de la reapertura de la campaña, evitando un daño aún mayor sobre el recurso.
Sin embargo, el propio volumen de las incautaciones demuestra que el furtivismo continúa siendo uno de los grandes desafíos del litoral gallego.
La sostenibilidad del mar no depende únicamente de las vedas o de la gestión científica de los recursos. También exige combatir con firmeza a quienes esquilman un patrimonio natural del que dependen miles de familias.
Porque cada pulpo capturado ilegalmente no solo desaparece del mar: también resta oportunidades a quienes viven de él respetando las normas y compromete el futuro de uno de los sectores económicos más emblemáticos de Galicia.