- El erizo gallego gana peso económico y se cotiza ya por encima de 190 €/kg en gónadas. Aguiño y Ribeira lideran una campaña marcada por la sostenibilidad.
El erizo de mar, de recurso residual a pilar económico
Hace no tantos años, nadie pujaría en una lonja por erizo de mar. Hoy, el equinodermo gallego se ha convertido en un manjar cotizado, clave en los ingresos de muchas cofradías. La campaña recién finalizada en Aguiño y Ribeira lo confirma: más de 100.000 kilos comercializados y 1,6 millones de euros en solo 36 días de trabajo.
A nivel gallego, la facturación del erizo asciende ya a 6,8 millones, con Aguiño al frente como principal lonja proveedora. Lo que antes se descartaba, hoy sostiene familias.
Menos kilos, más valor: precios, control y calendario
En el conjunto de Galicia, la campaña del erizo dejó 146.000 kilos en lonja —menos que los 162.000 del año anterior—, pero su cotización alcanzó una media de 11,55 euros por kilo. El tope de captura, fijado por Aguiño y Ribeira en 20 kilos diarios por tripulante, fue clave para proteger un recurso que tarda años en regenerarse.
Además, ambas cofradías establecieron un precio mínimo de 10 €/kg: si en subasta no se alcanzaba, al día siguiente no se faenaba. La caída de cotización hasta los 8 euros en abril precipitó el cierre anticipado de la campaña.

Gónadas que superan los 190 euros por kilo
El erizo no se vende por su carne, sino por sus gónadas: pequeñas porciones de mar puro. Para obtener 500 gramos de producto útil hacen falta cerca de 10 kilos de animal. Eso coloca el valor real por kilo útil por encima de los 190 euros, muy por encima del percebe o incluso de la almeja fina.
Las conserveras y empresas de congelado lo saben. Algunas como Robemar o Ángel Mar han encontrado clientes en Barcelona, Cádiz, Madrid o incluso Italia y Francia. La empresa Pedreira, de Camariñas, uno de los mayores compradores del país, asegura que este año el erizo llegó “pouco rendido e moi caro”, pero sigue siendo una apuesta estratégica.
El mercado tira, pero el mar avisa
El adelanto del desove —relacionado con el aumento de la temperatura del agua— ha llevado a Aguiño y Ribeira a solicitar a la Xunta cambiar el calendario para iniciar en enero en lugar de diciembre. La modificación busca adaptarse al ciclo biológico del equinodermo y mejorar la calidad del producto.
El presidente de la agrupación de Aguiño, Manuel Ángel Reiriz, no descarta que, a medio plazo, se necesite una veda prolongada de uno o dos años para evitar un colapso. “Hai zonas que presentan certos indicios de esgotamento”, afirma.
Galicia toma posiciones en el mercado europeo del erizo
La rula de Aguiño lidera con 60 toneladas vendidas y 690.000 euros de facturación. Le siguen Malpica, Baiona, Lira (41 toneladas y 460.000 euros), Ribeira, Muros y Porto do Son. En esta última, pese a contar solo con media docena de embarcaciones con permex, se facturaron más de 100.000 euros.
A nivel internacional, el erizo gallego se consolida en el norte de la península, Francia e Italia, donde se valora especialmente la hueva congelada. En España, Asturias y Cataluña son los principales destinos, mientras que la conserva encuentra mercado en todo el país.
Sostenibilidad como condición de futuro
El éxito económico no oculta el riesgo de sobreexplotación. La reducción de topes, el precio mínimo por kilo y el control de la actividad son medidas bien valoradas por el sector. Pero algunos patrones, como Jesús Pedreira, alertan: “Houbo moito erizo baleiro. Algo está cambiando no mar”.
La calidad, el rendimiento y la presión comercial obligan a reforzar el modelo de gestión. El erizo ha pasado de ser un extra a convertirse en el primer recurso para muchas cofradías, desplazando al percebe o al pulpo. Eso exige medidas de futuro, no solo para proteger el recurso, sino también el prestigio de un producto que Galicia ha sabido transformar en oro marino.