- Uno de cada cinco peces capturados en el mundo procede de la pesca ilegal, una amenaza creciente para los océanos, el sector pesquero y la seguridad alimentaria.
- El Día Internacional de la Lucha contra la Pesca Ilegal pone el foco sobre una realidad preocupante: el 20% de las capturas mundiales procede de actividades irregulares que amenazan la sostenibilidad marina.
La pesca ilegal sigue siendo una de las mayores amenazas para los océanos
Ayer, 5 de junio, se conmemoró el Día Internacional de la Lucha contra la Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (INDNR), una jornada impulsada para recordar el impacto de una actividad que continúa poniendo en riesgo la sostenibilidad de los recursos marinos en todo el planeta.
La efeméride llega acompañada de un dato que invita a la reflexión: uno de cada cinco peces capturados en el mundo procede de actividades ilegales o irregulares. Así lo advierten Naciones Unidas y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que alertan sobre las consecuencias ambientales, económicas y sociales de una práctica que sigue drenando millones de toneladas de recursos pesqueros cada año.
Más allá de las cifras, la pesca ilegal supone una amenaza directa para el futuro de los océanos, para la seguridad alimentaria de millones de personas y para la supervivencia de miles de comunidades costeras que dependen del mar para vivir.
¿Qué se considera pesca ilegal?
La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada engloba un amplio abanico de actividades. Incluye desde embarcaciones que operan sin autorización en aguas nacionales hasta aquellas que incumplen cuotas, falsean capturas, utilizan artes prohibidas o desarrollan su actividad en zonas protegidas.
Se trata de un fenómeno global que afecta tanto a aguas bajo jurisdicción nacional como a zonas de alta mar, donde la vigilancia resulta más compleja.
El problema no solo radica en el pescado extraído de manera irregular. Estas prácticas alteran los ecosistemas marinos, dificultan la recuperación de especies vulnerables y generan una competencia desleal frente a los pescadores que cumplen las normas y realizan un aprovechamiento responsable de los recursos.
Más de un tercio de las poblaciones de peces están sobreexplotadas
La preocupación aumenta al comprobar el estado actual de muchas pesquerías mundiales. Según la FAO, más de un tercio de las poblaciones de peces del planeta se encuentran sobreexplotadas, es decir, se capturan ejemplares a un ritmo superior a su capacidad natural de reproducción.
En un contexto de crecimiento de la población mundial y aumento de la demanda de productos pesqueros, la presión sobre los recursos marinos es cada vez mayor.
El pescado constituye una fuente esencial de proteínas para miles de millones de personas. Sin embargo, la combinación de sobrepesca y pesca ilegal amenaza la capacidad de los océanos para seguir abasteciendo de alimento a las generaciones futuras.
Los expertos advierten de que, sin una gestión eficaz y sostenible, algunas especies podrían ver comprometida su recuperación, con consecuencias que irían mucho más allá del ámbito pesquero.
El impacto económico también es enorme
La pesca ilegal no solo perjudica al medio marino. También provoca importantes pérdidas económicas en todo el mundo.
Cuando una embarcación captura recursos fuera de las normas establecidas, está obteniendo una ventaja injusta frente a quienes respetan vedas, cuotas, tallas mínimas y controles de trazabilidad.
Esta competencia desleal afecta directamente a pescadores, mariscadores, armadores, comercializadores y a toda la cadena de valor vinculada al sector pesquero.
Además, los ingresos que generan estas actividades suelen escapar de los circuitos económicos regulados, reduciendo la capacidad de inversión en conservación, control y desarrollo de las comunidades costeras.

Galicia conoce bien los efectos del furtivismo
Aunque la pesca ilegal suele asociarse a grandes operaciones internacionales, Galicia conoce de primera mano las consecuencias de las actividades irregulares sobre los recursos marinos.
El furtivismo continúa siendo una de las principales preocupaciones en numerosos bancos marisqueros y zonas de extracción de marisco y pesca artesanal.
Cada captura ilegal supone una pérdida para quienes trabajan dentro de la legalidad y un riesgo para la sostenibilidad de recursos que constituyen una parte esencial de la economía azul gallega.
Las cofradías de pescadores llevan años reclamando más medios para combatir estas prácticas, al tiempo que desarrollan modelos de gestión basados en la conservación y el aprovechamiento sostenible de especies de gran valor comercial.
La experiencia gallega demuestra que la protección de los recursos marinos no es únicamente una cuestión ambiental. También es una garantía de empleo, riqueza y futuro para miles de familias vinculadas al mar.
El consumidor tiene más poder del que cree
Uno de los mensajes que Naciones Unidas quiso destacar con motivo de esta jornada internacional es el papel que desempeñan los consumidores.
La trazabilidad se ha convertido en una herramienta fundamental para combatir la pesca ilegal. Conocer el origen del pescado, exigir información sobre su procedencia y apostar por canales de comercialización transparentes contribuye a cerrar el paso a las capturas irregulares.
Cada decisión de compra puede ayudar a reforzar un modelo pesquero más sostenible y responsable.
Una lucha que sigue siendo necesaria
La celebración del Día Internacional de la Lucha contra la Pesca Ilegal sirve para recordar que la sostenibilidad de los océanos continúa enfrentándose a importantes desafíos.
El hecho de que uno de cada cinco peces capturados en el mundo proceda de actividades ilegales demuestra que todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar una explotación responsable de los recursos marinos.
En territorios con una fuerte identidad marinera como Galicia, la defensa de una pesca sostenible no es una cuestión teórica. Es una necesidad económica, social y ambiental.
Porque detrás de cada captura legal hay empleo, tradición y futuro. Y detrás de cada captura ilegal hay recursos que desaparecen, oportunidades que se pierden y un océano que se empobrece.