- Un método pionero permite detectar Bonamia en ostras usando sus heces, sin necesidad de sacrificarlas y con alta fiabilidad en campo.
Un paso adelante en la vigilancia de enfermedades marinas
La salud de la ostra plana europea (Ostrea edulis), especie clave en la biodiversidad marina del continente, podría dar un giro gracias a un nuevo método de detección no invasivo que permite identificar la presencia del parásito Bonamia ostreae sin sacrificar ejemplares. El sistema, desarrollado por investigadores británicos, analiza las heces de las ostras para detectar rastros de ADN del patógeno.
Este avance resulta especialmente valioso para proyectos de restauración y para el sector acuícola, que necesita herramientas eficaces y sostenibles para prevenir la expansión de enfermedades.
De la histología al muestreo de excrementos
Tradicionalmente, identificar la bonamiosis implicaba diseccionar las ostras, una práctica poco viable cuando se trata de especies en declive o de poblaciones destinadas a su repoblación. Con el nuevo enfoque, las ostras pasan la noche en agua de mar y, al día siguiente, se recoge y analiza su material fecal en busca de trazas del parásito.
El sistema se ha validado en campo y laboratorio, con resultados igual o más sensibles que los métodos tradicionales. Además, supera en eficacia a técnicas de ADN ambiental (eADN), que toman muestras directamente del agua.
Aplicación directa y en tiempo real
Una de las mayores ventajas del método es su aplicabilidad inmediata en campo. Utiliza kits portátiles de PCR que no requieren instalaciones complejas, lo que lo convierte en una herramienta ideal para ostricultores, técnicos de restauración y personal de control sanitario.

Además, los resultados muestran una alta fiabilidad, sin falsos positivos en zonas libres de infección. Esto refuerza su utilidad tanto para controlar brotes como para validar zonas limpias antes de realizar traslados de ostras.
Implicaciones para la conservación y la acuicultura
Bonamia ostreae no afecta a los humanos, pero sí puede diezmar poblaciones de ostra plana, una especie ya castigada por la sobrepesca y la degradación del hábitat. Para Bill Sanderson, investigador de la Universidad Heriot-Watt, este test puede ser decisivo en los más de 50 proyectos de restauración de ostras que existen actualmente en Europa.
“Detectar infecciones sin poner en peligro a la población que se quiere conservar es fundamental para el éxito de estos programas”, afirma Sanderson.
Un método escalable y con potencial
El equipo investigador considera que la técnica, además de ser escalable y asequible, podría adaptarse fácilmente para detectar otros patógenos marinos o incluso especies invasoras. La investigación, publicada en Aquaculture, ha contado con el apoyo del Fondo de Innovación en Productos del Mar del Reino Unido, así como de otros centros especializados en acuicultura sostenible.
Tim Bean, del Instituto Roslin, concluye: “Esta tecnología proporciona a la industria acuícola y a los organismos reguladores una ventaja clave: rapidez de respuesta ante amenazas sanitarias sin comprometer la biodiversidad”.
Impacto sectorial
Este avance representa una mejora real en bioseguridad acuícola, facilitando el control sanitario sin afectar a las poblaciones de cultivo ni a los bancos naturales. En un contexto donde la restauración de bivalvos gana peso en políticas marinas europeas, herramientas como esta marcan la diferencia entre frenar o propagar una enfermedad.