Campaña de pulpo en Galicia: de la escasez a la abundancia

  • Del “no hay pulpo” en verano a una campaña récord en lonjas gracias a la veda más larga de las últimas décadas.

El verano del “no hay pulpo”

En los puertos, en las rulas y en los bares de marineros se repitió este verano una frase inquietante: “no hay pulpo”. La escasez del cefalópodo en Galicia no fue casualidad. La presión pesquera y el furtivismo —especialmente en la frontera con Portugal— dejaron huella en el recurso.

El 11 de agosto, la patrullera Mar de Galicia retiró frente a A Guarda 934 trampas ilegales, los conocidos “cacharros” de plástico, prohibidos en aguas gallegas pero permitidos en el país vecino. Contenían 444 kilos de pulpo, valorados en unos 5.000 euros en primera venta. Desde enero, Gardacostas ya había incautado más de 6.300 kilos de pulpo ilegal, con un valor superior a los 70.000 euros.

La imagen era clara: menos pulpo en lonja, menos ingresos para la flota artesanal y una presión añadida sobre un recurso vital para la gastronomía y la cultura marinera gallega.

La veda más larga de la historia

Conscientes de la situación, la flota de nasas para pulpo se sometió en 2025 a la veda más extensa en décadas: trece semanas de parón total, entre el 1 de abril y el 30 de junio, con un mes de paro biológico compensado para 1.400 tripulantes de 350 barcos.

El objetivo era sencillo y ambicioso a la vez: dar al pulpo tiempo suficiente para reproducirse. La apuesta no estuvo exenta de dudas. Muchos se preguntaban si un esfuerzo tan grande tendría recompensa.

El arranque de la abundancia

El 1 de julio, la campaña se reabrió. Y en apenas siete semanas llegó la sorpresa: las ventas en lonja se duplicaron respecto a 2024. Entre el 1 de julio y el 17 de agosto se subastaron 380.000 kilos, frente a los 183.000 del año anterior.

El precio medio alcanzó los 11,40 €/kg, un 9 % más que en 2024, lo que disparó la facturación hasta los 4,3 millones de euros, más del doble que el ejercicio anterior y un 53 % por encima del histórico 2008.

La campaña de 2025 ya figura entre las siete mejores del siglo XXI en volumen, aunque con una flota más reducida que la de hace quince años. Y, sobre todo, con precios que multiplican el valor de cada kilo.

Las lonjas que tiran del carro

Los datos de PescadeGalicia confirman que el pulpo gallego se reparte de forma desigual, con algunas lonjas claramente dominantes:

Ribeira: 98.000 kilos, más del doble que en 2024.

Bueu: 51.000 kilos, frente a 21.000 el año pasado.

Vigo: 43.000 kilos, también duplicando cifras.

Muros: 22.000 kilos.

Cambados, Cangas, A Coruña y Corcubión: más de 17.000 cada una.

La recuperación del recurso se tradujo en un flujo constante de descargas, con el pulpo convertido en protagonista absoluto de las subastas de verano.

La sombra del furtivismo

El buen arranque no evitó que los furtivos siguieran operando. Los decomisos de Gardacostas superaron los 6.400 kilos en lo que va de año, muchos capturados durante la propia veda.

La mayoría proceden de los “cacharros” portugueses, que siguen siendo la herramienta más usada en la frontera sur. El contraste es evidente: mientras la flota legal respetaba el parón biológico, el furtivismo aprovechaba para esquilmar un recurso en pleno ciclo reproductivo.

Pulpo, identidad y gestión de futuro

El pulpo gallego es más que un recurso: es identidad cultural, motor económico y emblema gastronómico. La campaña de 2025 demuestra que, cuando se respeta el ciclo natural, la respuesta del mar es contundente: más pulpo, más ventas y precios más justos para la flota artesanal.

El reto es que la abundancia no se convierta en espejismo. Para ello, el sector reclama reforzar la cooperación internacional con Portugal, endurecer la lucha contra el furtivismo y consolidar vedas largas como herramienta de gestión.

El camino está abierto: de un verano de escasez a un arranque histórico, el pulpo gallego recuerda que su futuro depende de cómo se equilibre la balanza entre conservación y rentabilidad.