- La UE reduce fondos pesqueros a 2 000 M€ y multiplica por cinco el gasto en defensa, dejando al sector marítimo con menos capacidad para sostenerse.
Reducción drástica del presupuesto pesquero
La Comisión Europea ha propuesto reducir de forma drástica el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA) para el periodo 2028–2034, que pasaría de más de 6 100 millones de euros a apenas 2 000 millones. El recorte, que supera el 67 %, impactará directamente en regiones como Galicia, donde la economía azul no es una metáfora: es sustento, cultura y empleo.
Este retroceso presupuestario se produce al mismo tiempo que se anuncia una subida récord en el gasto en defensa: más de 131 000 millones de euros para reforzar la autonomía militar de la UE. Lo mismo ocurrió hace unos meses con la PAC: menos fondos para el campo, más para los tanques. Ahora, el mar sufre la misma marea.
Impacto sectorial: de la flota a la sostenibilidad
Para Galicia, principal potencia pesquera del Estado, este recorte supone no solo un golpe económico, sino una amenaza estructural. Se dificultará la renovación de flota, la mejora de condiciones laborales a bordo, el relevo generacional y la apuesta por una pesca sostenible.
Miles de marineros, armadores, técnicos y trabajadoras del mar —desde Ribeira hasta Burela— pueden ver cómo se evapora el principal instrumento financiero europeo que, al menos sobre el papel, apuntalaba su futuro.
El Pacto de los Océanos en papel mojado
La Unión Europea ha impulsado un Pacto de los Océanos lleno de promesas: protección de ecosistemas, reducción de la huella de carbono, impulso a la economía azul sostenible… pero ¿cómo se materializa eso sin financiación?
Reducir el FEMPA a mínimos históricos convierte el pacto en una declaración simbólica. La innovación marina, la vigilancia de caladeros, la adaptación al cambio climático o la valorización de productos pesqueros locales quedarán al ralentí, si no varados.

Del barco al acorazado
El giro presupuestario europeo deja una imagen tan clara como inquietante: mientras los barcos de pesca tradicionales encallan en la burocracia y la falta de apoyos, los grandes portaaviones de la defensa comunitaria se arman a toda máquina.
La Comisión opta por recortar los fondos para la pesca sostenible y la modernización de la flota, al tiempo que lanza un plan de rearme sin precedentes. El dinero que ayer servía para renovar motores más eficientes, redes más selectivas o mejorar condiciones a bordo, hoy se destina a blindados, radares y sistemas de defensa.
Mientras las cofradías luchan por sobrevivir con flotas envejecidas, las industrias militares navegan con viento presupuestario a favor. Del barco al acorazado: así se resume el nuevo rumbo de Europa.
Contexto geopolítico y prioridades cambiantes
La apuesta de Bruselas por reforzar su “autonomía estratégica” responde a un contexto global más volátil: guerras prolongadas, crisis energética y presión migratoria en las fronteras exteriores. La UE reacciona reforzando sus pilares: defensa, digitalización y control.
Pero al hacerlo, relega las políticas sectoriales que daban voz a los territorios periféricos, como la pesca artesanal o el desarrollo costero. El equilibrio entre seguridad y cohesión se tambalea.
¿Qué papel juegan la Xunta y el Gobierno?
La Xunta de Galicia, a través de la Consellería do Mar, ya ha reclamado que Galicia sea reconocida como región altamente dependiente del mar, para blindar su acceso a fondos específicos. También ha exigido que el nuevo marco financiero contemple ayudas transversales que permitan mantener actividad en zonas rurales costeras.
Desde el Gobierno central, el ministro Luis Planas ha trasladado la necesidad de mecanismos de compensación que ya se aplicaron con éxito en el Mediterráneo para amortiguar recortes en días de pesca. Pero esta vez el problema no es solo técnico: es político.
Defensa frente al mar
Bruselas parece haber trazado un nuevo rumbo: reforzar su músculo militar, aunque sea a costa de desarmar sus políticas marítimas. El mar, que siempre ha sido frontera, ahora también es trinchera presupuestaria.
La pregunta es clara: ¿podemos permitirnos una Europa que invierte en portaaviones, pero no en barcos de pesca? Si no hay una reacción firme desde los territorios costeros y las instituciones nacionales, el retroceso será irreversible. Y el precio, lo pagarán los que viven del mar.